- 2 de mayo de 2026
Sin empleo no hay desarrollo


Escribe MARCELO DELGADO
El pasado 1° de mayo celebramos el “Día del Trabajador”. La era contemporánea se caracterizó por la posibilidad de ascendencia social, como consecuencia del empleo de calidad. La formación técnico profesional y los empleos de calidad, le permitieron a muchas personas y familias, consolidar un patrimonio y desarrollar una calidad de vida mejor que las de sus padres y abuelos. Sin lugar a duda, el articulador social que lo impulsó fue el empleo formal.
En Argentina, las leyes laborales protegen y preservan la relación de trabajo y otorgan un marco de formal, que no solo establece las condiciones del contrato de trabajo, sino también regulan prestaciones sociales (Obra Social) y previsionales (jubilación).
Sin embargo, durante el siglo XXI, la vieja ley 20.744 de 1974, resultó insuficiente y los costos del trabajo reglado, comenzaron a fomentar las relaciones informales, la precarización del empleo y finalmente, la explotación laboral. En los últimos 20 años, la población económicamente activa se duplicó, mientras que el empleo formalizado se mantiene estable; incluso, en los últimos años se han perdido más de 300.000 familias que han caído en la informalidad. El trabajo informal, los monotributistas e independientes, ocuparon el espacio profundizando el déficit de los sistemas previsionales y sociales, y la precariedad del vínculo entre capital y trabajo.
A principios del año de 2026, se aprobó una reforma laboral para modernizar el marco regulatorio que, más allá de las instancias judiciales, procura impulsar el empleo de calidad. Sin embargo, la principal causa de la falta de empleo de calidad no es el marco regulatorio los controles o las habilidades de los trabajadores.
En el mundo desarrollado, existen múltiples sistemas de protección laboral, y no hay uno solo que garantice el empleo. Las reglas del vínculo no resultan eficaces por sí mismas. Es la actividad productiva la que marca el ritmo del empleo. En Suiza o Noruega, los sistemas son mucho más protectores que en China o la India. Sin embargo, el empleo de calidad no es variable dependiente de las leyes, sino de las reglas del mercado. Crear empleo no es regular. El sistema productivo es el impulsor del trabajo y el desarrollo de las sociedades. La creación de riqueza requiere de la fuerza laboral y, en ese sentido, las oportunidades se multiplican, incluso para las personas con menores capacidades o habilidades.
Si repasamos algunas experiencias recientes, podemos corroborar este punto, con lo que pasa en Vaca Muerta, donde el “insumo” más escaso es el trabajo. En San Juan, lo vivimos desde el 2004, hasta el 2014, donde el parate de Pascua Lama marcó un quiebre de un ciclo expansivo como nunca lo había experimentado la provincia.
Hoy se habla de leyes de proveedores locales, Compre San Juan, exigencias y garantías que, por sí mismas, no generan un puesto de trabajo. Si queremos celebrar un nuevo 1° de Mayo con alegría y esperanza, debemos apostar definitivamente a la creación de riqueza y producir en todas las cadenas de valor que la provincia dispone para desarrollar.

