• 28 de marzo de 2026

Salario: ¿gran articulador social?

Salario: ¿gran articulador social?

Escribe MARCELO DELGADO

A lo largo de la historia contemporánea, la retribución del trabajo personal ha sido el mecanismo más genuino de distribución de la riqueza. Los factores productivos clásicos de capital, tierra y trabajo eran retribuidos por lo producido, y de este modo, terratenientes, propietarios y trabajadores gozaban de los frutos de la actividad.

Cuando la relación se desequilibraba, la acción de gremios o el Estado, buscaban recomponer el equilibrio, procurando siempre proteger a la parte más débil del vínculo entre capital y trabajo. En el siglo XX, millones de asalariados pudieron acceder a vivienda, estudios, vacaciones, vehículos, ahorros y jubilaciones dignas, producto de un trabajo remunerado. El sistema no solo benefició a los trabajadores, sino también desarrolló todo tipo de organizaciones productivas y de servicios. No sólo en Argentina, sino en todo el mundo, y en particular después de la Segunda Guerra Mundial, este sistema permitió que todas las sociedades progresen y mejoren sus condiciones de vida. En los años 90, después de la caída del muro de Berlín, China, más tarde India y Rusia, entre otros países, lograron salir de la pobreza con sistemas capitalistas de mercado, siendo el salario el gran articulador social.

Esta dinámica global, desde comienzos del siglo XXI, comenzó a desbalancearse y el retroceso de los salarios, respecto de los otros factores productivos, fue sostenido y la brecha cada vez más grande. A nivel global creció la desigualdad como nunca en la historia. El capitalismo financiero le ganó al productivo y el dinero se transformó en el principal insumo para crear súper riquezas. Según OXFAM Internacional, el 1% de la población mundial más rica, acumula el doble de riqueza que el resto del mundo. Esta brecha se profundizó desde 2015 en adelante.

La tecnología va acelerando este proceso, y el acceso a los bienes digitales profundiza las brechas. La inteligencia artificial, los robots, las impresoras 3 D, entre muchas otras soluciones, no solo sustituyen trabajo humano, sino que resultan más competitivos que los sistemas tradicionales.

Este proceso de deterioro sistemático del salario, no solo se corrobora por estadísticas. Cada vez resulta más difícil acceder a vivienda con sueldos de convenio. El sistema previsional basado en “impuestos” al trabajo está agotado. Los jóvenes demoran su residencia en la casa de sus padres, no sólo por comodidad, sino que el empleo de calidad tarda en llegar y el sueldo no alcanza para costear alquiler o ahorro para una vivienda. Las familias ya no sobreviven con un solo salario. Incrementar los sueldos de manera sistemática y sostenida no es una solución posible. Esto provocaría una brusca caída de competitividad, y en una economía semiabierta, incrementaría el cierre de empresas. El salario ya no es el gran articulador social.