- 30 de mayo de 2026
Recesión o reconversión


Escribe MARCELO DELGADO
A fines de 2023 colapsó un sistema económico “neo keynesiano” y comenzó un ciclo de economía liberal, abierta y capitalista. El cambio radical de rumbo fue apoyado por más de la mitad de los argentinos que se expresaron en las urnas.
El presidente electo realizó el ajuste prometido y avanzó, con contramarchas, en su plan libertario. Los primeros dos años de gobierno se caracterizaron por una baja lenta de los índices inflacionarios, corrección de variables macroeconómicas, recuperación de reservas y leyes desregulatorias, prometidas en campaña. Esto provocó una caída aguda de la economía, el consumo y el empleo. Cerraron cerca de 20.000 Pymes y perdieron el empleo formal más de 300.000 trabajadores. Esto, sin embargo, no le impidió ganar las elecciones de medio término, lo que valida la hipótesis de que los argentinos, en su mayoría, valoran la estabilidad monetaria y no están dispuestos a volver a una economía altamente intervenida.
Ya en el curso de la segunda mitad del gobierno libertario, el modelo económico comienza a mostrar sus características distintivas más permanentes y las señales que el mercado esperaba. Se consolidó el RIGI, la Ley de Glaciares, la salida parcial del cepo cambiario, y la baja del riesgo país, cerca de los 500 puntos. La estabilidad monetaria y cambiaria y la flexibilización del comercio exterior impulsaron sectores como los vinculados a la generación de energía, petróleo, minería; y la exportación creciente de granos, carnes, aceites y numerosos productos agrícolas y ganaderos. Estas cadenas de valor van recuperando ritmos de otras épocas.
La contracara es la situación de la industria, comercio y servicios. Con más de 17 meses de caída, caen las ventas, baja la rentabilidad y tienen fuertes dificultades para gestionar alternativas de financiamiento. La competencia con el exterior y el comercio digital desafía las posibilidades locales. Los servicios también enfrentan la oferta extranjera y sectores como el turismo, educación, salud, entre otros, se ven desafiados por estos escenarios. Por parte de las familias, la caída de los salarios reales, el impacto de las tarifas y el crecimiento del endeudamiento y mora, debilitan el consumo y la calidad de vida.
Esta realidad nos interpela a pensar de manera colectiva, si lo que estamos viviendo es una recesión, que se va a superar con el avance de las variables económicas, o estamos frente a un proceso de reconversión de la matriz económica.
Resulta fundamental dar respuesta a este dilema. Si la balanza se inclina por la primera premisa, en la hipótesis de una recesión por ajustes de precios relativos, las empresas y actores económicos relevantes, buscarán alternativas para sobrevivir al tránsito del ajuste para recuperar rentabilidad, clientes y vitalidad, cuando se recupere la economía. En la segunda hipótesis, si se trata de un cambio significativo de modelo económico (macro), las empresas y actores económicos (micro), deberán reestructurar sus organizaciones. Si antes producían, ahora importarán. Tendrán que migrar a los sectores más dinámicos de la economía, incluso, desplazarse a regiones de oportunidades. ¿Recesión o reconversión?, esa es la cuestión.

