• 13 de junio de 2026

Por más gangas de RIGIS, los inversores no ponen crocantes y les picaron el boleto.

Por más gangas de RIGIS, los inversores no ponen crocantes y les picaron el boleto.

Escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial para JorgeAsisDigital.com

Luis Toto Caputo, Virgencita, es un ministro de fe, ideal para dirigir la economía disparatada del Gobierno de Consultores que preside Javier, El Tertuliano.
Hasta diez minutos antes del juramento, Toto condujo la Consultora Anker Latinoamericana, en sociedad financiera con su amigo Santiago Bausili, hoy titular del Banco Central que en campaña Javier prometió destruir. Fue cuando presumía transformarse en el topo que llegaba para aniquilar el Estado desde adentro.

A casi tres años del discurso solemnemente disruptivo de espaldas al parlamento, el derrumbe del Central fue suplantado por los créditos oficiales del Banco Nación que audita la señora Karina, La Guantanamera, a través de Darío Wasserman, cónyuge de la señora Pilar Ramírez y probable compañera de fórmula de Jorge Macri, el Primo -que era- Pobre, en el combate que se viene por lo único que interesa al apasionamiento de PRO.

La secta de Los Caputo contiene numerosas ramas que se desarrollan en la derecha vernácula. Versión tierna de Cambiemos, o versión salvaje de Milei. Afuera, por ahora, la derecha católica de la señora Victoria Villarruel, La Cayetana (siempre por Álvarez de Toledo).

Toto es primo de Nicky, Amigo de la Vida de Mauricio, el Ángel Exterminador.
Es tío de Santiago, el Neo Giacomini, valor estelar de la consultora Move Group, de Los Jaimitos, que elevaron oportunamente la receta del outsider.

Pero justamente cuando los celestiales creyeron que la puja era contra los territoriales de La Guantanamera y los Primos Menem, descubrieron que la señora Patricia, la Montonera del Bien, una inquietante recién llegada, les había crecido demasiado.
Más, al menos, de lo aceptable. Al extremo de tomar cierta distancia de Javier.

Primero se lució con el apriete público que le propinó a Manuel Adorni, el Premier, por procrastinar sospechosamente la declaración jurada.
Después se atrevió a objetar a Javier con el pretexto de la “conciencia moral”. Por el escandaloso papelón del rechazo del pliego para jueza de la doctora Micheli. Por la culpa de ser cuñada del colega que suele obstinarse con la lista extensa de funcionarios cargados.

En la plenitud del delirio, Virgencita proclama que la gestión del presidente Milei es extraordinariamente revolucionaria.
En principio, porque pudo despanzurrar la inflación legada como herencia de Alberto, El Poeta Impopular.
En simultáneo es también eficaz por haber rescatado a 15 millones de argentinos de la pobreza (y a tres millones de la indigencia).
Aparte hay más. El Tertuliano se reinventó como sorprendente líder de extrema derecha de atracción internacional. Con la proeza de administrar el inmenso poderío desde las redes sociales.
Creó un admirable polo de poder desde el panel de Intratables para gestionar después «el mejor gobierno de la historia» desde X, la ex twitter.

Sin contar aún con los datos positivos de la macroeconomía que Virgencita recita de memoria. O con el mérito de haber juntado para el Banco Central (que iba a ser aniquilado) los diez mil millones de dólares para reservas comprometidos con el Fondo. Sin embargo, por más que Virgencita invente ventajas con las gangas de los RIGIS, a los inversores míticos les cuesta ponerla.
Porque le picaron, en efecto, el boleto.
Para incentivarlos a que pongan los crocantes, Toto se empecina en transmitir confianza.
Súplica a las vírgenes que tienen cerca para que los inversores no efectúen sólo anuncios.
Que la pongan.