- 20 de septiembre de 2025
“Made in Argentina”

Escribe MARCELO DELGADO
Abogado – Economista
Cada mes de setiembre celebramos en nuestro país el Día de la Industria, desde el año 1941. En ese mes, se recuerda la primera exportación de productos autóctonos del todavía virreinato, en 1587, cuando partió un buque con las primeras manufacturas de las tierras americanas.
En 1880, Argentina comienza un desarrollo industrial de escala en la agricultura y ganadería, que se expandió con gran velocidad hasta 1914. Y a partir de 1940, se sumaron los productos tecnológicos, como motos, automóviles, aviones, electrodomésticos, entre otros productos fabriles. Al mismo tiempo, se comenzó a desarrollar la manufactura de alimentos, bebidas, textiles, calzado, cuero, entre otras. En San Juan, las bodegas se industrializaron y con el soporte ferroviario, llegaban no solo a los grandes centros de consumo nacional, sino también al exterior. También se desarrolló la industria de insumos médicos, farmacéutica, de soporte a la construcción, metalmecánica, hidráulica, etc. Luego también, avanzó con el desarrollo nuclear y la industria pesada, como la siderurgia, minería, química, petrolera, entre otras. En San Juan, la minería no metalífera (cales, cementos, mármoles y piedras de aplicación) y luego la metalífera.
El Siglo XX, con distintos grados de desarrollo, Argentina se posicionó como una “economía emergente industrial”. La producción trascendió las fronteras y las exportaciones no encontraban techo. El PBI industrial, en los ´50 era superior al 30% del total, y duplicaba a los productos primarios. La inversión en equipamiento e innovación, superaba la tasa de ahorro nacional. Un desarrollo prometedor y de grandes augurios.
Sin embargo, el proceso comenzó a enfriarse. El mercado de capitales canalizó los ahorros a especulación afectando la inversión. La irrupción de los gigantes asiáticos, primero Japón y Corea, luego China y la India, avanzaron sobre los mercados nacionales. Las políticas erráticas, minaron los cimientos de un modelo “argento” que se animaba a casi todo. La división internacional del “trabajo”, promovida por David Ricardo, y el “neoliberalismo”, posicionan a la Argentina, como un productor primario, en detrimento del desarrollo fabril.
En el primer cuarto del siglo XXI, los números de la industria nos encuentran en el escenario más crítico de la historia. La capacidad instalada ocupada apenas llega al 58.1%, y la contribución al PBI es del 19%. La pérdida de empleos industriales es una constante y el deterioro de mercado interno, sumado a la apertura indiscriminada a la importación de bienes finales, son factores que proyectan un horizonte mucho más difícil para la producción fabril local.
Sin embargo, a nivel de la dirigencia y los espacios de interacción social, medios y universidades, gobierno en general, este tema no es parte de la “agenda central”. En los años 60 y 70, la CEPAL (Confederación Económica para América Latina), de la mano del economista argentino Raúl Prebisch, planteó alternativas a las políticas liberales, dando fundamentos a la necesidad de industrializar los países de América Latina y fue fuente de impulso del proceso desarrollista. Pero el proceso de globalización e internacionalización del comercio desplazó las discusiones fundamentales, por el pragmatismo liberal. Made in Argentina es parte del pasado, que requiere volver al centro de las agendas, para que en el horizonte se vea una luz en el túnel del desarrollo.

