- 16 de mayo de 2026
Macri y el arte de elegir al enemigo

En política, como en el boxeo, el duelo comienza mucho antes del primer golpe. Comienza en saber elegir bien al adversario. Y PRO —ese partido que emergió de las cenizas de una Argentina que se había cansado de sí misma y fracasó en 2003— ha tomado una decisión que no es táctica sino filosófica: convertir a Axel Kiciloff en el espejo donde mostrar lo que ellos, según proclaman, ya no son.
La elección no es inocente. Kiciloff es, en el imaginario macrista, la síntesis de todo aquello que el kirchnerismo edificó como sistema: la gestión ideológica por sobre la técnica, el relato por sobre el resultado. Le sirve a Mauricio Macri para tener de enemigo a quien no quiere su electorado. Y se da en un contexto en el que gran parte de esos votantes prefieren la motosierra de Milei antes que los buenos modales del dirigente de ojos azules.
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Mauricio Macri tuvo una dura enseñanza en las elecciones pasadas. En la Argentina de hoy, la disputa no es entre proyectos económicos sino entre culturas políticas. Y quiere volver a gobernar pero en el ideario popular ya no encarna la imagen de máximo enemigo del peronismo.
Por eso propone seguir con lo empezado por Milei pero… sin arrasar con las instituciones.
Hay una estrategia clara: Proponen ser superadores del gobierno de Milei —no desde la vereda opuesta, sino desde una moderación republicana que el libertarismo desprecia pero que vastos sectores de la sociedad todavía añoran— y esto implica un riesgo considerable: el de quedar atrapados en la tierra de nadie, demasiado parecidos al oficialismo para los críticos y demasiado tibios para los entusiastas de la motosierra.
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Lo primero que tiene que recuperar Macri son sus dirigentes y después sus votantes. Y para volver a convencer a los desilusionados con su gestión por considerarla tibia, ahora busca mostrarse como la opción para quienes creen que se puede ordenar la economía sin desmantelar el Estado de derecho; que se puede disentir sin estigmatizar; que se puede gobernar sin convertir cada decisión en un episodio de una serie de Netflix.
Empezó con actos y con un tema clave, ya consiguió nueva pareja mostrando que busca cambios en todo sentido.
Si Kiciloff representa, en su lectura, el capítulo que Argentina no debería volver a leer, la pregunta que el electorado terminará respondiendo es si PRO es de verdad un libro nuevo o simplemente el mismo volumen con otra tapa. La diferencia, en política como en literatura, no siempre es tan evidente al primer vistazo. Pero siempre termina notándose.

