• 18 de octubre de 2025

La tragedia en el Valle Grande como símbolo de una sociedad violenta

La tragedia en el Valle Grande como símbolo de una sociedad violenta

Con miedo a morir por una pelea entre vecinos o tener que dejar la casa por amenazas: así viven algunos sanjuaninos en los puntos más conflictivos de la provincia. 

Escribe: Pablo Zama

Eduardo Galeano caracterizó a los que viven en un profundo e insalvable anonimato como “los nadies, los ningunos, los ninguneados”. Millones de seres en el planeta “que no tienen nombre, sino número”, “que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local”. “Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”.

Pocos supieron de la existencia de Emir Barboza hasta que corrió para huir de las balas cruzadas de los vecinos de sus abuelos, pero en un triste y prematuro destino final una de ellas se le coló en el pecho y lo eliminó. Entonces el niño de 7 años apareció en los titulares de todos los medios sanjuaninos, que reflejaron su vida cuando en su cuerpito ya habitaban los kilos que pesa la muerte.

Emir Barboza murió por una bala perdida afuera de la casa de sus abuelos.

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La onda expansiva de la tragedia que enlutó a la manzana 23 del barrio Valle Grande en la noche del lunes 13 de octubre llegó rápido a cada rincón de la provincia. Una muerte que termina siendo el oscuro símbolo de los conflictos barriales que ocurren en distintos departamentos en donde, resignadas, muchas familias reconocen la derrota en manos de la fuerza de los violentos y tienen que dejar sus casas para siempre.

En el populoso barrio rawsino de las poco más de 1000 casas en 53 manzanas, algunos niños quedaron en medio de la feroz pelea entre dos bandas. Cualquiera de ellos podría haber sido Emir, porque a los adultos que se peleaban no les importó la vida de ninguno. Pareciera que la vida bajó tanto de precio que cualquier reyerta puede dirimirse a balazos.

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Este es el segundo asesinato en el mes, porque en la madrugada del sábado 4 de octubre la “ruleta rusa” de la escalada de violencia convirtió en víctima fatal a Camila Bajinai, una joven de 22 años. Ella recibió un disparo en la cabeza del arma que portaba Juan Carrizo en el barrio Echeverría, de Capital. Fue también tras una discusión que se les fue de las manos a sus protagonistas.

Una de las tres armas de fuego que fueron usadas en el tiroteo.

Si bien la Justicia intenta dirimir por qué las dos familias que terminaron a los balazos en el Valle Grande mantienen una rivalidad, una fuente policial le aclaró a El Nuevo Diario que el problema viene de “vieja data”. Los dos grupos serían “conflictivos”.

Otro integrante de la fuerza señaló dos apellidos: “los Bazán y los Carrizo”. Inclusive deslizó que algunos de ellos ya tuvieron serios problemas con la ley. Además dijo que uno de los Carrizo es el más “complicado” y “se hace el caudillo” de los demás. “Cuando salta el quilombo se mete y ahí todo se pudre más”, indicó.

En la Policía hay quienes señalan que el tumulto fatal comenzó con la discusión entre dos hombres, lo que habría derivado en pedradas entre las familias y comenzaron a dar disparos al aire. En ese momento –dijo la fuente- había niños jugando en la calle, Emir se asustó y habría “salido corriendo”. En plena carrera, la supuesta “bala perdida” le impactó en el pecho y lo tiró al suelo.

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Una tía del niño por parte del padre dio otra versión: “De una pelea de chicas, que se dicen huevadas por Facebook, terminó en lo que terminó. Nosotros somos ajenos al problema”.

Ante la consulta de este medio, el fiscal Iván Grassi, a cargo de la investigación, dijo que “todo indica que el niño recibió el disparo por estar sobre la línea de fuego entre los acusados y otra familia, no la suya”. Y, aunque “en principio” no tienen “acreditado” un supuesto ajuste de cuentas o un problema de drogas, aclaró que tampoco “se descarta”.    

 

Las vainas servidas que secuestró la Policía.

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“Mi familia está amenazada por ellos, nos dicen cosas por el Facebook. Me dijeron que cuando fueron a sacar los muebles, iban saliendo con el camión de la mudanza y se le reían en la cara a mi familia, como diciendo ‘acá ganamos nosotros’”, contó una tía de Emir, confirmando que por miedo los abuelos del niño tuvieron que salir del barrio.

“Los vecinos tienen miedo de hablar”, dijo la mujer. Sin embargo, les pidió a los habitantes del Valle Grande que cuenten lo que saben para ayudar a esclarecer el crimen de su sobrino.

Al día siguiente del fallecimiento del niño, los vecinos se autoconvocaron a través de grupos de WhatsApp para reunirse “en la plaza frente a la Rotonda”. El objetivo era organizarse “para llevar un reclamo por mayor seguridad”. Este medio intentó hablar con una de las personas que publicó ese mensaje, quien aceptó que le hicieran las preguntas pero finalmente, por temor, eligió no responder ni siquiera conservando su anonimato.

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Ese tenso silencio que se apodera de las calles también son parte de un paisaje común en zonas de La Bebida o Marquesado (como el barrio 22 de Abril), en Rivadavia; en el asentamiento Pedro Echagüe, en Santa Lucía; o en el barrio San Francisco y Los Tamarindos, de Chimbas. Este último complejo habitacional que tiene 42 años fue epicentro de arrebatos y robos con armas blancas a plena luz del día durante el invierno. Esa situación hizo que los vecinos se unieran en un reclamo por seguridad y buscaran conversar con las autoridades de los gobiernos provincial y municipal. Ya con la llegada de la primavera la presencia policial en la zona disminuyó, pero el miedo de los ancianos, que son el blanco preferido de los ladrones, persiste.

Algunos vecinos del barrio Los Tamarindos -entre los que se cuenta a un policía retirado que se cansó de los robos- también optaron por dejar la casa que habitaron gran parte de sus vidas, siguiendo a otros que hace años ya habían huido de la inseguridad.

La investigación del crimen en el barrio rawsino.

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Estos hechos lo único que hacen es confirmar que sigue prevaleciendo la acción violenta de los delincuentes. Aquellos para quienes la propia vida y la de los demás valen menos que lo que cuesta conseguir una bala que les otorga el efímero poder de decidir quién vive y quién no. En el desgraciado episodio del Valle Grande fueron usadas al menos tres armas de fuego, lo que refiere también lo fácil que es hoy conseguir un revólver.

El golpe emocional por la tragedia llega a todos los rincones del barrio. Por eso -según le contaron a este medio-, para contener a los niños de la zona en la Escuela de Nivel Inicial (ENI) Nº 68 no descartan realizar algunas actividades.   

Fuerte cobertura policial en el Valle Grande tras el asesinato. 

En las zonas más conflictivas de Chimbas, Rivadavia o Rawson hay una constante: “En la empresa nos dicen que por las noches no entremos a ciertos lugares y que si lo hacemos corre por nuestra cuenta”. La frase es de un taxista acostumbrado a enterarse de que, por ejemplo, en el cruce chimbero de 25 de Mayo y Díaz asalten a sus colegas. Entonces son varios los que dejaron de ingresar a distintos barrios o villas para no arriesgar la vida por “algunos pesos más”.

“Tiran piedras, te rompen los vidrios, se agarran a pelear arriba del colectivo”, aseguró, por su lado, un chofer que admite que uno de los recorridos más complicados es hacia Marquesado. “Es más jodido el problema del transporte para La Bebida”, remarcó. “A veces se sube algún hombre y me dice ‘¿no me llevás hasta ahí que no tengo Sube?, segundeame’. Y uno lo hace por miedo a que le roben”, reconoció.

Además, algunos vecinos contaron que tras el asesinato del niño, en el Valle Grande entraron menos colectivos. La línea que conecta ese barrio con el Penal de Chimbas es la 120. Mientras que por avenida Benavídez son los conductores de la línea B los que tienen que lidiar con los reiterados arrebatos arriba de las unidades.  

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En los días posteriores al crimen –según una fuente policial- el Valle Grande parecía un Fuerte Apache sanjuanino en el que circulaban, día y noche, decenas de policías: cada uno con su chaleco antibalas. Había efectivos de Comisaría 35ta (con refuerzos de otras seccionales), de Infantería, del GAM (Grupo de Apoyo Motorizado) y del GERAS (Grupo Especial de Rescate y Acciones de Seguridad).

La gresca en el barrio rawsino había comenzado poco antes de las 22 del lunes y cerca de la 1 del martes tuvo el desenlace fatal. “El niño llegó al hospital ya casi sin vida”, contó un testigo. La tía de Emir dijo que fue otro sobrino el que lo había llevado en auto hasta el Marcial Quiroga, en donde constataron su deceso por un “trauma abierto de tórax”. “Fue todo tan rápido”, lamentó la mujer.  

“Quiero justicia por mi hijo”, fue lo único que pudo decir el padre del niño, y no paraba de llorar. “No opinen sin saber, no saben el dolor que tengo”, escribió Rosa, la mamá, y después restringió su perfil de Facebook. Una desgracia que llenó de preguntas a San Juan.    

El dolor del padre y una tía de Emir.

Afuera de Tribunales y muy conmovido, a tal punto de que casi no podía hablar, el jueves 16 de octubre el padre de Emir se expresó ante los medios de comunicación: “Lo único que quiero es justicia por mi hijo”. Más tarde, Roberto Barboza agregó: “Quiero justicia y que a todos les den los mismo” (en referencia a la condena que espera para los acusados).   

Mientras que una tía del niño fallecido dijo que “es una injusticia lo que han hecho con una criatura, con un ángel”.

La Policía detuvo a siete personas: Alan Bazán, Dante Carrizo, Gonzalo Santander, Hernán Carrizo, Cristian Guajardo, Jonathan Carrizo y a un menor de edad.

“Le quitaste la vida a un niño inocente, la vas a pagar. Abuso, era un angelito, tenés que pagar por todo vos y los demás”, apuntó en sus redes, entre fuertes insultos, Guadalupe Barboza, familiar de Emir. Ese posteo recibió comentarios tales como “Podría ser tu hijo, le quitaste la vida a un niño” o “hay que matar al gato ese”. El apuntado por los Barboza, según la publicación de un primo del niño, es Jonathan Javier Carrizo. “Que se re funda en el penal, no tenés perdón de Dios. Vas a pagar por lo que hiciste, malparido”, escribió.

Una fuente policial contó que había un clima “tenso” en el barrio rawsino y que temían que la familia del niño saliera “a tomarse venganza” por el crimen. Pero una tía por parte del padre de Emir aseguró que lo que se hablaba sobre una supuesta venganza “son mentiras”. “Ellos (por los familiares que estaban en el Valle Grande) no amenazaron a nadie” porque “no están parados en este mundo, están en las nubes”. “En ningún momento hemos amenazado con que vamos a ir a hacerles algo a ellos”, aclaró.

Subjefa de Policía de San Juan, Cintia Álamo

CONFLICTOS BARRIALES EN SAN JUAN

La subjefa de Policía de San Juan, Cintia Álamo, aseguró que los recientes hechos de violencia en barrios de la provincia no responden a situaciones de marginalidad, sino a conflictos previos que persisten pese a la mejora en las condiciones habitacionales. “No es que no hay presencia policial, es que hay personas que trasladaron sus disputas a barrios donde ahora tienen una casa, una plaza, una comunidad”, afirmó en el programa La Ventana,

Álamo explicó que los enfrentamientos recientes, como los ocurridos en Valle Grande o el barrio Echeverría, involucran a familias con antecedentes de conflictos. “No es el barrio, es la historia que traen algunos”, remarcó. También destacó que en todos los barrios hay gente trabajadora, que se levanta temprano y que es la primera víctima de los violentos.

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La Policía de San Juan ha secuestrado 166 armas de fuego en lo que va del año, incluidas 15 tumberas, y detuvo a más de 30.000 personas por contravenciones. Además, se han trasladado más de 1.200 detenidos al penal con condena firme. “No hay un solo barrio donde no podamos ingresar”, aseguró.

La funcionaria también subrayó la importancia del 0800-222-2102, una línea anónima para denunciar puntos de venta de drogas. “El problema no es solo policial, también es social, de salud mental y consumo. Por eso trabajamos con programas de atención y prevención”, concluyó.