• 1 de noviembre de 2025

La otra guerra

La otra guerra

Más de 130 muertos y centenares de detenidos fue el saldo final de un día de fuego donde se utilizaron sofisticadas armas, helicópteros y blindados. Río de Janeiro como muestra de lo que puede ser un futuro de enfrentamientos en diferentes países entre fuerzas de seguridad y la delincuencia organizada.

Cada vez hay menos diferencias entre las guerras convencionales y las que libran las fuerzas de seguridad contra la delincuencia organizada.

Una muestra la vivió el martes pasado Río de Janeiro cuando amaneció bajo fuego.

Estamos ante verdaderas guerras con helicópteros, blindados y drones además de armas de todo tipo.

Al menos 130 personas murieron y 113 fueron detenidas, según cifras oficiales de la Policía Civil y Militar de Río de Janeiro, que llevó a cabo la operación contra la facción Comando Vermelho en los complejos Alemão y Penha, en la capital carioca.

 

La megaoperación fue clasificada por el gobierno estatal como «la mayor operación de las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro».

Forma parte de la Operación Contención, una iniciativa permanente del gobierno de Río para intentar contener la expansión territorial del Comando Vermelho, que domina varias zonas de la ciudad.

El gobernador Cláudio Castro calificó la operación de «éxito» y «un duro golpe al crimen».

Los movimientos de derechos humanos califican la operación de masacre y cuestionan su eficacia como política de seguridad.

«Aquí en Brasil no existe la pena de muerte. Cualquier delincuente, independientemente de lo que haya hecho, debe ser arrestado y llevado ante un tribunal para que este determine su sentencia. Pero ayer aquí, en el Complexo do Alemão y el Complexo da Penha, se aplicó la pena de muerte», declaró el fotógrafo de la BBC.

«Quienes determinaron esta pena de muerte fueron los propios policías. Ellos decidieron quién moría y quién vivía».

El gobernador Cláudio Castro calificó la operación de «éxito» y «un duro golpe al crimen» mientras los movimientos de derechos humanos la califican de masacre y cuestionan su eficacia como política de seguridad.

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El caos comenzó el martes en la zona norte de la ciudad brasileña, entre los complejos de Penha y Alemão, escenario central de la operación, y se extendió por toda la capital carioca. Las tiendas cerraron antes de tiempo, el metro estaba abarrotado y en las paradas de autobús los pasajeros se deseaban suerte unos a otros en sus intentos por volver sanos a sus hogares.

El Comando Vermelho nació en 1979 en una cárcel de Río de Janeiro y se ha transformado en una estructura de ámbito nacional, considerada como una de las dos organizaciones criminales más grandes de Brasil.

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La operación policial más violenta de la historia de Río de Janeiro tenía como objetivo cumplir 100 órdenes de arresto e impedir el avance territorial del Comando Vermelho, la organización criminal más antigua del estado.

En los últimos años, la facción ha vuelto a expandir su dominio. Según el Mapa de Grupos Armados —una colaboración entre el Instituto Fuego Cruzado, el Grupo de Estudios de Nuevas Ilegalidades (GENI) y la Universidad Federal Fluminense (UFF)—, el Comando Vermelho fue la única organización criminal que amplió su control territorial en el estado, mientras que todas las demás perdieron terreno.

Entre 2022 y 2023, la organización aumentó en un 8,4% las áreas bajo su control y recuperó el liderazgo perdido frente a las milicias en años anteriores. Con ello, pasó a representar el 51,9% de las áreas dominadas por grupos armados en la Región Metropolitana de Río.

Hubo muchos detenidos pero todos piensan que tras el retiro policial todo seguirá igual.

Casi 50 años de historia —y una dictadura militar en medio— separan la creación del Comando Vermelho de este sangriento día en Río de Janeiro. Allá por los años 70, los presos políticos se mezclaron con los presos comunes en el Instituto Penal Cândido Mendes, en Isla Grande, a más de 100 kilómetros de la capital.

Hasta entonces, con poca o ninguna educación formal, los reclusos más antiguos, la mayoría encarcelados por atracos a bancos, desconocían sus derechos. Los aprendieron al convivir con los presos políticos, en su mayoría hijos de la clase media, que comenzaron a mediar en las negociaciones en busca de mejores condiciones.

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El Comando Vermelho nace en el interior de las prisiones, en el corazón del Estado. En la convivencia con las personas detenidas por la Ley de Seguridad Nacional. Inicialmente, se llamaba Falange da Segurança Nacional. Luego pasó a llamarse Falange Vermelha. Y, años más tarde, la prensa lo bautizó como Comando Vermelho.

Uno de sus principales fundadores fue William da Silva Lima, alias el Profesor. En su libro «400 x 1: una historia del Comando Vermelho», Lima cuenta que el grupo surgió para organizar el espacio carcelario, con la creación de reglas de convivencia.

Cuando se promulgó la Ley de Amnistía, en 1979, los presos políticos fueron liberados, mientras que los demás permanecieron allí. La lucha por la justicia social dentro de la prisión perdió fuerza sin los antiguos compañeros de celda.

La policía de Rio utilizó todo tipo de vehículos y armamentos.

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Los miembros de la Falange Vermelha se reorganizaron entonces de otras maneras. En 1980 comenzaron las fugas: más de 100 reclusos lograron escapar de la prisión, para desesperación de los banqueros. Con el dinero de los asaltos a bancos, el Comando Rojo invirtió en otro negocio: la venta de cocaína.

En ese momento, en la década de 1980, Colombia se convierte en productora de cocaína. Y eso provoca cambios en las rutas internacionales del tráfico. Brasil se convierte en un puesto intermedio en la ruta hacia Europa, como lo es hasta hoy.

«Había disidencias y rivalidades, disputas territoriales. Y quienes se benefician son los comerciantes de armas y los policías que también comenzaron a suministrar armas. Esto creó en la propia policía una demanda para armarse más fuertemente para hacer frente al tráfico armado», añade Grillo.

En la década de 1990, los índices de violencia alcanzaron los peores picos de la historia de Río de Janeiro. En 1994, hubo 64,8 homicidios por cada 100 mil habitantes. Para tener una idea, actualmente, este índice es de 24,3 muertes en el estado.

En un intento por debilitar al Comando Vermelho, el gobierno trasladó a sus líderes a diferentes cárceles. El efecto fue el contrario: el Comando Vermelho transmitió sus ideales a otros reclusos y ganó aún más fuerza hasta convertirse en la principal organización criminal de Río de Janeiro.

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Personas caminan cerca de un vehículo policial y un auto quemado durante una operación policial contra el tráfico de drogas en la favela do Penha, en Río de Janeiro.

A partir de entonces, el Comando Vermelho ya no se limitaría al estado de Río.

El Comando Vermelho funciona como una franquicia. Hay varios dueños de los barrios marginales. Ninguno manda más ni menos, es una sociedad. Eso es lo que permitió al Comando Vermelho crecer a nivel nacional. Milicianos: cómo agentes formados para combatir el crimen pasaron a matar al servicio del mismo».

En los últimos seis años, el Comando Vermelho ha ampliado su presencia a 25 estados, mientras que antes la organización solo dominaba 10.

«Vi cuerpos sin cabeza, cuerpos completamente desfigurados» dijo un fotógrafo que siguió durante 24 horas el operativo policial que dejó más de 120 muertos en Río de Janeiro.

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La expansión del Comando Vermelho exigió nuevas inversiones. El tráfico de drogas sigue siendo el centro de sus actividades, sobre todo con el dominio de zonas fronterizas, como la Amazonia, donde la facción y el PCC amplían sus rutas.

Pero las ganancias ya no provienen solo de las drogas. Según un estudio del Foro Brasileño de Seguridad Pública, el crimen organizado movió, en 2022, alrededor de US$273.300 millones en mercados ilegales de oro, combustibles, bebidas y tabaco.

También ha cambiado la forma de abastecimiento de armamento. Hasta hace unos años, los traficantes se armaban básicamente de dos maneras: mediante ventas ilegales procedentes de Paraguay o mediante desvíos de las propias fuerzas de seguridad nacional.

Hoy en día, existen formas de montar tu propia arma y empresas ilegales capaces de producirlas a gran escala.

Son fábricas con equipos de última generación, máquinas muy caras, que cuestan hasta medio millón de reales (US$93.300). Son impresoras 3D, que trabajan con metal y entregan piezas terminadas. Al ser máquinas industriales, producen a gran escala.

El martes, el Comando Vermelho demostró su poderío armamentístico utilizando drones que lanzaban explosivos durante los enfrentamientos.

Vecinos del Complejo de la Penha colocan más de 50 cuerpos en la calle tras la operación policial más letal

Los datos muestran que las operaciones policiales más costosas y violentas del estado no han logrado los resultados esperados. Mientras el Comando Vermelho avanza sobre el territorio de Río de Janeiro, es precisamente en las zonas bajo su dominio donde la policía actúa con mayor intensidad y donde se multiplican los enfrentamientos. Según el Mapa de Grupos Armados, la probabilidad de que un territorio dominado por el tráfico registre enfrentamientos es 3,71 veces mayor que en las zonas controladas por las milicias.

El principal objetivo de la operación era Edgar Alves de Andrade, alias “Doca” o “Urso”, señalado por la Fiscalía como jefe regional del Comando Vermelho en el conjunto de favelas de Penha.

Nacido en Paraíba en 1970, Doca acumula más de un centenar de causas judiciales por homicidio, tráfico de drogas, tortura y asociación criminal. Las autoridades lo vinculan con la coordinación del negocio del narcotráfico en Vila Cruzeiro y Morro do Sao Simao, así como con ataques a delegaciones policiales en 2025. Las autoridades mantienen una recompensa de 100.000 reales (unos17.500 dólares) por información que conduzca a su captura.