• 6 de junio de 2026

“La esencia del trabajo seguirá estando en el terreno”

“La esencia del trabajo seguirá estando en el terreno”

Eduardo Cabello, titular de la UOCRA y el desafío de los nuevos métodos y materiales para la construcción

Durante décadas, la construcción ha sido uno de los motores de la economía argentina como sinónimo de empleo. Cuando no ha existido, el impacto se ha sentido rápidamente en miles de hogares a lo largo del país. Pocas industrias reflejan el vínculo existente entre política, trabajo y economía de bolsillo como la construcción.

Hoy, el sector navega una etapa de transición compleja. La paralización de la obra pública nacional redujo drásticamente el movimiento de una actividad históricamente dependiente del Estado, mientras la discusión global sobre automatización, inteligencia artificial y nuevos sistemas constructivos empieza a tocar las puertas.

El Secretario General de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), Eduardo Cabello, en diálogo con este medio reconoce que el presente es delicado, aunque observa con expectativa el horizonte: “Es un momento complicado. La construcción es la madre de la industria nacional y al estar paralizada, la situación es difícil. No se puede trabajar con la misma cantidad de gente de otros momentos”

Históricamente, la construcción ha sido considerada un termómetro económico: cuando hay crecimiento, hay obras rápidamente; cuando hay ajuste, el impacto sobre el empleo es prácticamente instantáneo.

Actualmente, según datos aportados por el propio sindicato, en San Juan hay alrededor de 7.300 trabajadores activos en el sector. Muchos de ellos, además, trabajan de manera itinerante, es decir, terminan una obra en la provincia y parten hacia proyectos en el sur o en otras regiones con mayor actividad a buscar ese trabajo que en muchos sitios no existe o aparece en cuentagotas.

Eduardo Cabello
Eduardo Cabello, Secretario General de UOCRA.

Cuando se piensa que en China el rascacielos Mini Sky City, en la ciudad de Changsha, se ensambló a un ritmo de tres pisos por día utilizando bloques prefabricados similares a piezas de Lego; o que mientras se hacen las excavaciones y se preparan los cimientos en el terreno, las habitaciones y los pisos ya se están construyendo dentro de una fábrica y que se transportan en contenedores hacia la obra con las paredes, pisos, ventanas y cableados terminados al 100%, en estas latitudes suena a ciencia ficción, pero es la realidad que se vive allí.

En medio de las discusiones globales sobre construcción modular, impresión 3D de viviendas y sistemas capaces de levantar edificios en tiempo récord, Cabello no da entidad a ideas extremas sobre el fin de la construcción tradicional.

 “El ladrillo no está muriendo”, sostiene. “Hay lugares donde se resiste más que en otros, por la construcción tradicional, forma y criterio. El ladrillo es un arte y siempre va a estar, aunque hay que adaptarse a los nuevos sistemas constructivos que trae la globalización. No es lo mismo pegar cientos de ladrillos que algo que ya viene armado. Todo tiene que ser ya, ya, ya… son las nuevas modalidades.”

Para la gente del sector, la construcción no es solamente una actividad industrial; también es un trabajo artesanal donde la mano de obra sigue ocupando un lugar central. La discusión, entonces, ya no parece centrarse en si habrá cambios, sino en la velocidad con la que esos cambios llegarán al país.

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Mini Sky City de China, 57 pisos en 19 días de trabajo.
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Cada vez que se habla del futuro de la construcción aparecen inevitablemente las imágenes de China y Japón con sus ciudades inteligentes, estructuras prefabricadas y procesos completamente industrializados.

Para el dirigente gremial, esas comparaciones ignoran las enormes diferencias estructurales entre esos países y Argentina, y la palabra “previsibilidad” aparece como eje central de su análisis. Mientras las grandes economías industriales proyectan obras a largo plazo con financiamiento y logística asegurada, en Argentina la construcción suele quedar atrapada entre cambios económicos permanentes y de gobernantes, inflación, falta de crédito y modificaciones políticas sobr

“El propio sistema argentino no permite que los cambios se vean tan rápido. Caminamos a otro ritmo”. Incluso plantea que muchas veces se intentan importar modelos productivos que no encajan con la realidad local, y arriesga que “si vienen obreros chinos acá, terminarán adecuándose al sistema argentino; de hecho hay gente que viene y que va, hace lobby con empresas y saben bien que cada país tiene su idiosincrasia. La futurología es difícil y más en Argentina.”

En este contexto de incertidumbre, la minería aparece para el sindicalismo como la gran expectativa económica de los próximos años. Los proyectos vinculados al cobre y al oro no sólo prometen inversiones millonarias, sino que también podrían convertirse en un fuerte motor de empleo para la construcción.

Cada emprendimiento minero de gran escala requiere caminos, campamentos, infraestructura eléctrica, obras hidráulicas y numerosos desarrollos complementarios que demandan mano de obra intensiva.

 “La minería lleva la delantera y le va a dar un desarrollo importante a San Juan”, afirma. Sin embargo, dentro de ese optimismo puede observarse que la construcción ya no depende casi en su totalidad del Estado Nacional. El futuro del sector empieza a asociarse con actividades extractivas y privadas.

Otro de los temas inevitables cuando se habla del futuro del trabajo es el avance de la inteligencia artificial y la robotización. En este punto, el sindicalista se muestra escéptico respecto de una transformación inmediata en la industria de la construcción argentina.

“No veo un robot manejando un camión fuera de ruta… o será que soy nostálgico”, sostiene; además considera que muchas veces la discusión tecnológica funciona como una exageración impulsada desde los grandes centros económicos globales: “Hay mucha bomba de humo que tira la globalización para que la gente se distraiga”.

Ahí surge una preocupación sindical que consiste en que ese discurso tecnológico termine utilizándose para flexibilizar condiciones laborales o debilitar la representación gremial. Por eso, lejos de imaginar un futuro sin sindicatos, cree que las instituciones laborales podrían fortalecerse, ya que “la gente va a necesitar representación”.

La cúpula sindical reconoce el momento y empieza a capacitarse en inteligencia artificial y nuevas herramientas digitales, a la vez que insiste en que la esencia del trabajo “seguirá estando en el terreno”.

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Impresión de vivienda 3D.
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