- 26 de junio de 2026
La droga del año. La revolución de los fármacos que prometen doblegar la obesidad

Una nueva generación de medicamentos inyectables está transformando el tratamiento de una enfermedad que afecta al 39% de los adultos argentinos. Más de un millón de personas inician cada semana una terapia con agonistas del receptor GLP-1, y los científicos empiezan a preguntarse si, por primera vez en décadas, la medicina tiene en sus manos una herramienta capaz de frenar la epidemia.
Para muchos obesos esta vez todo puede cambiar. Pero son tantas las experiencias con resultados parciales que es lícito dudar. La lucha contra la obesidad está repleta de espejismos. ‘Bajá de peso rápido y fácil’ fue, tal vez, la promesa más incumplida de una larga historia de productos ‘milagrosos’ que terminaron en decepción. Pero algo diferente puede estar ocurriendo. Más de un millón de personas comienzan cada semana un tratamiento con agonistas del receptor GLP-1, una familia de medicamentos desarrollada originalmente para la diabetes que luego demostró una eficacia notable para reducir el peso corporal.

Según el Atlas 2025 de la Federación Mundial de la Obesidad, el 73% de los adultos argentinos presentan exceso de peso, y el 39% vive con obesidad. El informe proyecta que para 2030 más de 26 millones de personas en el país tendrán un índice de masa corporal elevado y que la obesidad severa podría casi triplicarse.
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En paralelo, la red global de científicos NCD Risk Factor Collaboration publicó en Nature un estudio que mostró que la epidemia global ya no avanza al mismo ritmo en todos los países, aunque América Latina sigue entre las regiones donde la curva continúa creciendo. Los investigadores atribuyen estas diferencias a factores estructurales: sistemas de salud y políticas de prevención más desarrollados en algunos países, frente a una rápida urbanización, mayor consumo de ultraprocesados y sedentarismo en otros.


Esto no empezó ayer
Los hallazgos comenzaron mucho antes de que los nombres Ozempic, Wegovy o Mounjaro se volvieran omnipresentes. ‘Estos medicamentos tienen por lo menos tres décadas de investigación detrás’, explica Juliana Mociulsky, médica endocrinóloga, investigadora en ensayos clínicos y directora de la diplomatura en Obesidad de la Sociedad Argentina de Diabetes. El descubrimiento de las incretinas, hormonas intestinales que participan en la regulación del apetito y el metabolismo, abrió el camino para desarrollar fármacos como liraglutida y luego semaglutida y tirzepatida.
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Así aparece uno de los conceptos más interesantes surgidos alrededor de estos medicamentos: el llamado food noise o ‘ruido alimentario’. Muchos pacientes describen una experiencia similar: no solo comen menos. También dejan de pensar constantemente en comida. Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología de Buenos Aires, cree que parte de la revolución de los GLP-1 ocurre en el cerebro. ‘Más que apagar el deseo, estos fármacos parecen modular circuitos vinculados a la recompensa, el craving, la motivación y la conducta. No reemplazan la voluntad, pero reducen la presión biológica contra la que muchas personas con obesidad luchan todos los días’, resume.

Efectos inesperados
La novedad no radica solamente en la capacidad de estos medicamentos para reducir el apetito. A medida que se acumulan pacientes tratados en todo el mundo —se estima que son más de 16 millones de personas— siguen apareciendo efectos inesperados: menor riesgo cardiovascular, protección renal, posibles beneficios sobre ciertos tumores, cambios en circuitos cerebrales vinculados al deseo e incluso señales prometedoras en el campo de las adicciones. Para algunos investigadores, los agonistas del receptor GLP-1 se están convirtiendo en uno de los mayores experimentos biológicos en tiempo real de la medicina moderna.

El negocio de los laboratorios
La competencia entre laboratorios aceleró la carrera científica. Ozempic y Wegovy son dos nombres comerciales de Novo Nordisk para un mismo principio activo: la semaglutida. Los estudios que respaldaron su aprobación para la obesidad mostraron pérdidas de peso promedio cercanas al 15%. Días atrás, durante el Congreso Europeo de Obesidad, Wegovy exhibió resultados del 22,6% en mujeres premenopáusicas con obesidad.
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Posteriormente apareció la tirzepatida, comercializada como Mounjaro por Eli Lilly. A diferencia de los primeros tratamientos, que imitaban la acción de una sola hormona intestinal, la tirzepatida actúa sobre dos señales biológicas al mismo tiempo: GLP-1 y GIP. Y la carrera está lejos de terminar: cada vez con más frecuencia, compañías farmacéuticas presentan estudios sobre nuevas moléculas y formulaciones, desde comprimidos orales hasta inyecciones de aplicación mensual.

LÍMITES, RIESGOS Y PREGUNTAS ABIERTAS
Pero esta historia no está escrita únicamente en clave de beneficios. Pueden aparecer efectos adversos gastrointestinales —náuseas, vómitos, diarrea o constipación— y persisten interrogantes sobre la recuperación de peso tras la suspensión y la pérdida de masa muscular. Para Mónica Katz, médica nutricionista, esta última preocupación suele sobredimensionarse: ‘Toda pérdida de peso implica pérdida de masa libre de grasa. Lo importante es que la reducción de grasa es muy superior’. Recomienda acompañar el tratamiento con ejercicio de fuerza y adecuada ingesta de proteínas.
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Respecto a la pancreatitis, que durante años fue la principal preocupación en torno a estos fármacos, las evidencias más recientes resultan tranquilizadoras. Un estudio publicado en Cureus que analizó datos de casi un millón de personas con diabetes tipo 2 no encontró un aumento del riesgo de pancreatitis aguda asociado a estos tratamientos. Una revisión de la Cleveland Clinic señala que múltiples metaanálisis y grandes ensayos clínicos no detectaron diferencias relevantes frente a placebo.

¿Ha que usarlos de por vida?
Otra gran pregunta es cuánto tiempo deberán utilizarse estos tratamientos. Adolfo Vega, médico especialista en diabetología y obesidad, considera que la obesidad es una enfermedad crónica y que, si bien no todas las personas tendrán que usar estos medicamentos de por vida, muchas probablemente necesiten estrategias prolongadas de mantenimiento, igual que ocurre con la hipertensión o la diabetes.
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César Casavola, jefe de Nutrición y Soporte Nutricional del Hospital Alemán y presidente de la Sociedad Argentina de Médicos Nutricionistas (Samenut), tiene una mirada algo distinta: considera que estos medicamentos pueden utilizarse para alcanzar objetivos concretos, consolidar hábitos, y que luego hay que evaluar cómo seguir. Aunque señala que la recuperación de peso tras la suspensión es frecuente.
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El entusiasmo científico convive con una barrera difícil de ignorar: el precio. Wegovy puede conseguirse en su dosis inicial por alrededor de $109.000 mensuales con descuentos especiales de Novo Nordisk, mientras que los tratamientos con tirzepatida oscilan entre $500.000 y $800.000 por mes, según la dosis y la cobertura disponible. La brecha económica queda en evidencia en las dispares posibilidades de acceso.
Claves para entender los fármacos
> Los fármacos GLP-1 tienen más de 30 años de investigación detrás; no son una moda.
>Más de 16 millones de personas los usan en el mundo. Más de un millón inician tratamiento cada semana.
>No son pastillas milagrosas: requieren prescripción, seguimiento médico y cambios de hábito.
>Sus beneficios van más allá del peso: corazón, riñones y cerebro también son alcanzados.
>El precio sigue siendo la principal barrera de acceso en Argentina y América Latina.
>La obesidad severa puede requerir cirugía: los fármacos no reemplazan todas las opciones.

¿Hay que hacer dieta si se toman los fármacos?
Los nuevos medicamentos contra la obesidad han demostrado ser eficaces en ensayos clínicos donde los participantes realizaron dieta y actividad física, además de recibir el tratamiento farmacológico. Por lo tanto, los análogos de GLP-1 se presentan como complementos de la dieta y la actividad física, no como sustitutos.

Para Cormillot “no es una vacuna. Sí es una inyección subcutánea que es semejante a una hormona que produce el intestino que ayuda a controlar el apetito, que le informa al cerebro cuando tiene que parar de comer”.
El tema de las obras sociales
Una de las grandes discusiones respecto a estos medicamentos es el referido a la cobertura por parte de prepagas y obras sociales. Quienes padecen de diabetes argumentan que para ellos se trata de un medicamento que puede cambiarles la vida pero que cada día les resulta más difíciles conseguirlos pues hay una sobredemanda originada en la liviandad con que los recetan algunos profesionales a cualquier persona que desee adelgazar. Debido al precio de estos medicamentos el descuento de la prepaga siempre es importante.
Fuentes: La Nación, Clarín, Infobae, BBC, El mundo.es

