- 28 de junio de 2025
Empleo registrado: se busca


POR MARCELO DELGADO
La modernidad caracterizó al empleo como un gran articulador social. La relación “capital – trabajo”, durante muchos años, permitió a empleados y empleadores mejorar sus situaciones. La capacitación formal, el desarrollo de habilidades y el perfeccionamiento, no sólo les permitió a los empleados mejorar sus posiciones y retribuciones; sino también a las organizaciones incrementar su productividad y rentabilidad.
Esta relación no estuvo exenta de tensiones y los representantes gremiales, las cámaras empresariales, el gobierno, entre otros actores, fueron sorteando los conflictos mediante acuerdos, consensos y en otras ocasiones, cediendo a las presiones. En la faz individual, los marcos protectivos facilitaron las mejoras en las condiciones de trabajo y, al mismo tiempo, aparecieron los vivos que abusaron de los derechos, promoviendo la industria del juicio por accidentes, despidos o “derechos vulnerados”.
En los últimos 50 años, las unidades económico -productivas y de servicios (Empresas) evolucionaron al ritmo de la tecnología, y las “relaciones de trabajo” se fueron quedando en el tiempo. La realidad fue superando a las leyes y regulaciones y el empleo, fue cediendo su lugar de “gran articulador social”. Los altos costos previsionales, sociales y fiscales, incrementaron los incentivos para los trabajos marginales o en “negro”, y la fuerza laboral se fue fragmentando entre los “formales e informales”. A principios del año 2000, habiendo fracasado rotundamente la posibilidad de reformas laborales, se crearon regímenes simplificados de impuestos, para darle cierta formalidad a los vínculos con el “monotributo”, que solo sirvió para marginar aún más a una importante cifra de trabajadores.
Llegamos al cuarto de siglo y en la Argentina, con casi 50 millones de habitantes, sólo 13.3 millones están ocupados. Pero de ese total, menos del 50%, cuentan con aportes jubilatorios. 6,1 millones de trabajadores están formalizados (el 40% son empleados públicos). Los empleados informales son más de 3.6 millones. En el año 2000, con 37 millones de habitantes, había 6 millones de trabajadores formales y el 30% eran empleados públicos. En consecuencia, durante los últimos 20 años, se han perdido en valores absolutos, 1 millón de empleos formales privados. (Ver infografía de INDEC)

Después de la inflación, la mayor preocupación de los argentinos es el empleo. El impacto tecnológico, los cambios en las modalidades de trabajo, la competitividad de empresas frente a un mundo globalizado, imponen fuertes desafíos para que el empleo vuelva a ser ese gran articulador social. En estos días, el “Consejo de Mayo” que convoca el Gobierno Nacional y reúne a empresarios, gremialistas y actores sociales relevantes, tiene la tarea de responder a las grandes expectativas de poder superar las dificultades que nos sumen en la pobreza. ¿Será posible encontrar los caminos para este noble destino?

