• 9 de agosto de 2025

El operativo que reveló una red provincial de peleas de gallos

El operativo que reveló una red provincial de peleas de gallos

Una inspección vehicular rutinaria derivó en una investigación que expuso una organización dedicada a las riñas ilegales. Casi 200 aves fueron secuestradas en distintos departamentos de la provincia

Por Claudio Leiva

Lo que comenzó como un control de tránsito en una ruta sanjuanina terminó por abrir una investigación que sacudió a las autoridades provinciales. En la parte trasera de un automóvil, agentes de la Policía encontraron dos gallos visiblemente heridos, con signos claros de haber participado en una pelea. Los ocupantes del vehículo no pudieron justificar la posesión de las aves, y fueron detenidos en el acto. Así se encendió la alarma que derivó en una serie de allanamientos en distintos departamentos de San Juan, con un resultado que sorprendió incluso a los investigadores: cerca de 200 aves secuestradas, junto con espuelas metálicas, jeringas, medicamentos veterinarios y estructuras improvisadas para peleas.

Los procedimientos más relevantes se realizaron en Caucete, 25 de Mayo y Chimbas. En Caucete se incautaron 92 gallos en un solo operativo; en 25 de Mayo, 53; y en Chimbas, otros 59. La División Rural de la Policía, a cargo de Mario Domínguez, lideró la investigación con apoyo de tareas de inteligencia, seguimientos y denuncias anónimas. La hipótesis principal es que los animales son criados y entrenados en San Juan, pero las peleas se concretan en provincias vecinas, para evadir los controles locales y las leyes que penalizan esta práctica.

Durante los operativos, la Policía secuestró aves heridas, espuelas metálicas, jeringas y estructuras improvisadas utilizadas para peleas ilegales.

Las riñas de gallos tienen una historia larga y compleja en San Juan. En 1864, el gobierno provincial llegó a suscribir un reglamento oficial de riñas, con 48 artículos que regulaban desde la presencia de jueces hasta la legalización de apuestas. Los reñideros eran espacios comunes, y la actividad reunía a ricos y pobres en torno a un espectáculo que combinaba adrenalina, ritual y competencia.

Sin embargo, el avance de las leyes de protección animal cambió el panorama. En 1954, la Ley Nacional N.º 14.346 prohibió expresamente las riñas de animales, considerándolas actos de crueldad. Esta norma, aún vigente, establece penas de 15 días a 1 año de prisión para quienes las organicen o participen. En San Juan, la ley se aplica con firmeza, aunque las autoridades reconocen que la actividad persiste en forma clandestina, especialmente en zonas rurales.

El veterinario Aldo “Pirara” Olivares, referente en protección animal en San Juan, explicó el proceso de cría y entrenamiento detrás de los gallos de riña, y cuestionó la crueldad de una práctica que persiste en la clandestinidad.

LA MIRADA EXPERTA

El veterinario y reconocido protector de animales en San Juan, Aldo “Pirara” Olivares, brindó detalles sobre el trasfondo de una práctica que, aunque prohibida en la provincia, sigue vigente en otras regiones del país y del mundo.

“Los gallos de riña no son aves comunes. Se seleccionan ejemplares de razas de combate milenarias, que han sido cruzadas entre sí durante generaciones. Son animales muy distintos a las gallinas de combate originales”, explicó. Según Olivares, estos animales desarrollan una agresividad natural que los hace incompatibles con otros de su especie. “Desde los tres o cuatro meses ya empiezan a pelearse, por eso hay que separarlos en jaulas individuales, unas jaulitas chiquitas como nichos, donde se los cría por separado”.

El entrenamiento es riguroso y personalizado. “Se los entrena como a un deportista. Es gallo por gallo. Eso es lo llamativo, lo raro: que con tanto vínculo después lo lleven a la muerte”, reflexionó. Parte del proceso incluye cortarles las plumas de patas, muslos y cuello al ras, pluma por pluma, para aplicar preparados que endurecen la piel. “Cada gallero tiene su fórmula mágica. No es lo mismo que curtir, porque eso se hace con cueros muertos, pero es una forma de endurecer el cuero para que resista más en la pelea”.

Además, se los ejercita en camas saltarinas para fortalecer las alas y en caminadoras circulares para mejorar su resistencia física. “Tienen que estar en estado físico, no solo para pelear, sino para aguantar el combate”. Las modificaciones físicas no terminan ahí. “Donde tienen las púas naturales, se les colocan espuelas de acero, unas puntas metálicas que hacen mucho más agresivo y violento el combate. En algunos casos también se les ponen picos de metal para que tengan más agarre”.

Sobre el desarrollo de las peleas, Olivares detalló que “generalmente son a muerte, o hasta que un gallo se escapa o el dueño decide levantarlo y pierde”. Y agregó: “En nuestro país hay muchísimos lugares donde hay peleas de gallo. En nuestra provincia está prohibido por ley, pero por ejemplo en Santiago del Estero está permitido. Las apuestas son millonarias, pero millonarias de verdad”. Finalmente, recordó que esta práctica tiene raíces muy antiguas: “En Centroamérica es muy común. De ahí viene esto, que es una cuestión muy, muy antigua”.

Las riñas de gallos, prohibidas en San Juan por ley, persisten en la clandestinidad como espectáculos violentos donde los animales son entrenados para combatir hasta la muerte.

Mientras en Argentina las riñas están prohibidas, en otros países la situación es muy distinta. En México, por ejemplo, son legales en varios estados y consideradas parte del patrimonio cultural. En Colombia, están reguladas por ley, aunque algunas ciudades como Bogotá las han prohibido localmente. En Filipinas, las riñas son un fenómeno masivo, con coliseos especializados y transmisiones televisivas.

En Indonesia, Tailandia y otros países del sudeste asiático, las peleas de gallos tienen raíces religiosas y culturales profundas. En Estados Unidos, están prohibidas en casi todos los estados, aunque hubo excepciones históricas como en Luisiana. En España, la situación es mixta: mientras en regiones como Andalucía y Canarias se permiten bajo ciertas condiciones, en otras como Cataluña están completamente prohibidas.

La controversia es global. Defensores de la práctica argumentan que se trata de una tradición ancestral, mientras que los activistas por los derechos animales la consideran una forma de tortura. En muchos países, el debate se ha judicializado, y la tendencia general es hacia la prohibición o regulación estricta.

La Justicia provincial ya tomó intervención en la causa. Se ordenó el secuestro de teléfonos celulares de varios sospechosos, con el objetivo de rastrear conexiones y ubicar otros centros de actividad. El caso podría derivar en procesos penales por maltrato animal, y se espera que se profundice la investigación sobre el destino de las aves y la red de criadores.

Desde la División Rural, Mario Domínguez advirtió que los organizadores suelen ser reincidentes, y que la actividad se mueve en circuitos cerrados, con convocatorias por mensajería privada y eventos en lugares alejados. “Estamos ante una práctica que se resiste a desaparecer, pero que claramente está fuera de la ley”, señaló.

El operativo reciente no solo destapó una red clandestina, sino que reactivó un debate que San Juan conoce bien: ¿cómo se convive con una tradición que hoy es delito? ¿Qué lugar ocupa la cultura popular en el marco de los derechos animales? ¿Y cómo se combate una actividad que se oculta, pero que sigue viva?

Mientras la investigación avanza, las autoridades provinciales refuerzan el mensaje: las riñas de gallos están prohibidas, y cada ave rescatada es un paso hacia el cumplimiento de la ley y el respeto por la vida animal.