• 25 de abril de 2026

El helado sanjuanino, un producto en expansión

El helado sanjuanino, un producto en expansión

Informe Mariano Eiben

La historia del helado es milenaria y se remonta a la antigua China, por el 1000 A.C, cuando para dar un refrigerio a los emperadores se mezclaba nieve con miel, leche y frutas. La tradición luego se extendió por el resto de Asia hasta llegar a Europa.

En Italia, hacia 1565, se atribuye a Bernardo Buontalenti, arquitecto e ingeniero militar, la creación de una crema helada hecha con leche y huevos en la corte de los Médici, naciendo así el “Gelatto”. Luego, en el siglo XVII, el siciliano Procopio dei Coltelli popularizó el helado de crema en París y ratificó a los italianos como los maestros del helado.

San Juan jamás estuvo ajena al fenómeno. Desde heladerías históricas y familiares como La Alpina, Soppelsa, Las Malvinas o Habana, hasta modernas propuestas como Portho o Del Parque, el boom de marcas nuevas, franquicias y el mantenimiento de la tradición es notorio.

Don Pedro Soppelsa junto a su hijo Esteban y empleados en la fábrica de helados.

Como tantas otras cosas, el helado llegó a San Juan por los inmigrantes. La historia del helado como elaboración empresarial sanjuanina comienza cuando el apellido Soppelsa aparece en esta tierra. Pedro, inmigrante italiano de Veneto, había aprendido el oficio de unos tíos. Llegó al país con su hijo en 1924 y tras intentar una vida en Buenos Aires en el rubro heladero, se estableció en Mendoza. Allí trabajar tampoco fue fácil, ya que la reglamentación impedía vender fuera del radio capitalino, por lo que decidieron probar suerte en San Juan al año siguiente.

Tampoco fue sencillo el inicio aquí, ya que se hacía poco helado y se vendía en carritos callejeros. La municipalidad, además, controlaba con ahínco. Ante esto, Don Soppelsa dijo que se especializaba en helados de crema y fruta, lo que interesó a los inspectores para supervisar personalmente la elaboración.

En ese entonces la fábrica era muy precaria, sin embargo, se había preparado el helado en cubos, y los sabores fueron crema, chocolate y frutas. Así fue como la fábrica comenzó a crecer; también se abrió el primer local en calle Rivadavia al 500, con la novedad de que se servía en mesas. Luego llegó la casa de Mitre casi Alem, donde además, la terraza era usada para noches de baile.

Esteban Soppelsa junto a sus hijas Silvia y Stella

Conforme pasaban los años, más miembros de la familia llegaban a la Argentina y aportaban al negocio. Circunstancias llevaron a que Guerrino, hermano de Pedro, se estableciera en Mendoza, y más tarde, el hijo mayor de Pedro se mudó a Córdoba, lo que hizo que el helado familiar se expandiera por el país.

En 1950 fallece Don Pedro y su hijo Esteban se hace cargo de la empresa. La incorporación de sobrinos Gottardi, más la conducción de Esteban, llevaron a Soppelsa a continuar a la vanguardia y se abrió el primer drive-in de San Juan en avenida Libertador.

Luego del fallecimiento de Esteban, más algún roce por el registro de la marca Soppelsa que no podía utilizar la descendencia, en el 2004, la empresa cesó la actividad.

Narciso Eccher sirviendo copa de helado con vaso de agua, como se estilaba en la época.

Otra de las heladerías más antiguas es La Alpina, que también comienza con otro inmigrante italiano de Trento llamado Narciso Eccher, llegado en 1932.

Narciso ponderó sus raíces de los Alpes y fundó en 1949 La Alpina, que funciona hasta el día de hoy luego de tres generaciones familiares y una cuarta en camino.

Reconocida por sus helados de agua y, específicamente, el de canela, La Alpina vivió su época dorada en los ‘70, ‘80 y ‘90 con Francisco, hijo de Narciso, al mando. Hoy en día es Rolando, hijo de Francisco, la cabeza del negocio, que a su vez, está preparando a su hijo para sucederlo en esta cadena de cuatro eslabones dedicados al helado.

Giuseppe Bottino junto a su esposa Javiera Ochoa y su hija Liliana.

La tercera heladería tradicional que se mantiene hasta el día de hoy es Habana. Fundada en 1969 por otro inmigrante italiano llamado Giuseppe Bottino, la empresa cuenta ya con la tercera generación a cargo.

Bottino arribó a la Argentina en 1948 y llegó a dormir en el suelo hasta conseguir trabajo como cadete y luego fundar la heladería. Llegaron a tener diez sucursales y hoy solo cuentan con dos. Desde la casa central en Ignacio de la Roza antes de Alem, su nieto dirige el destino de la empresa.

Del Parque. Sucursal de la peatonal

Propietario: Berto Bunda
Locales: 19 en San Juan más uno próximo a abrir en Carlos Paz, Córdoba.

Berto Bunda, propietario de Del Parque

Del Parque cuenta con 160 empleados directos distribuidos entre sus sucursales (8 a 10 trabajadores), más 17 en fábrica, 4 en distribución, 8 en panificación y 9 en administración. La heladería ofrece servicio de cafetería con tortitas, semitas y medialunas de elaboración propia.

La empresa posee máquinas que cuestan entre $50.000 y $80.000. Esta tecnología, luego de la cocción previa y entre máquinas continuas y discontinuas trabajando a pleno en verano, puede llegar a producir hasta 3000 kg por hora.

El propietario afirma que el rubro da ganancia, pero que mayormente todo está en el imaginario popular y el margen no es estratosférico como en otra época. La filosofía consiste en “saber lo que cuesta poner un helado en la mano del cliente.”

Ellos ofrecen más que el concepto de heladería. “Tomar un helado es tu momento y esta es tu casa. Podés tomar un helado, un café, leer un libro, hacer tuyo el espacio. También confiamos en el boca en boca, sin hacer tanto ruido.”

Las Malvinas. Sucursal de avenida Rawson

Propietaria: Silvia López
Locales: 4 sucursales, activa desde 1979.

Silvia López, propietaria de Las Malvinas

Las Malvinas genera 20 puestos de trabajo contabilizando trabajadores en la fábrica, en las sucursales, contaduría y márketing.

Ellos elaboran 15 kg de helado artesanal en 10 minutos, tomando en cuenta los procesos de mezcla y pasteurizado, realizados con máquinas compradas en Italia. Una vez reposado el helado en las cámaras de frío, es pasado a conservadoras para su expendio.

El criterio para abrir una sucursal depende de la ubicación. Se priorizan arterias que tengan mucho tránsito y posibilidad de estacionamiento.

Los mayores desafíos que enfrenta la empresa hoy son el consumo de energía y demás gastos fijos. Por ello, realizó una inversión en paneles solares para bajar costos y mantener la calidad de su producto.

Para López, la filosofía es el concepto de heladería pura: “La gente sabe que aquí viene a tomar helado. No servimos café porque sentimos que desvirtúa la heladería. Los padres tomando helado, los niños en los juegos y así se pasa la tarde.”

Habana. Casa central de Ignacio de la Roza antes de Alem

Propietario: Federico Delaporte Bottino
Locales: 2 sucursales, llegó a tener 10 en los ‘90.

Federico Delaporte Bottino, propietario de Habana

Habana genera 10 empleos de manera directa en sus locales y 10 empleos indirectos: contador, abogado, responsable de marketing, licenciado en alimentos, electricista, especialista en refrigeración, plomero, pintor, gasista y mantenimiento general.

Para popularizar un sabor, Habana se toma dos meses, a menos que sea una tendencia mundial como el chocolate Dubai. No solo es desarrollarlo, sino encarar una campaña para darlo a conocer.

La empresa prioriza la tecnología de punta en sus máquinas; además, calcula 96 horas desde el inicio de la elaboración hasta el expendio al público.

Respecto a nuevas sucursales, están satisfechos con dos locales y pueden atender las peticiones del día a día.

“Tenemos clientes que venían con sus abuelos siendo niños; hoy ellos son abuelos y traen a sus nietos. Es el ciclo de la vida” afirma Delaporte Bottino.

La Alpina. Casa única de 9 de julio y Las Heras

Propietario: Rolando Eccher
Locales: La casa histórica de 9 de julio y Las Heras.

Rolando Eccher, propietario de La Alpina

La empresa fue, es y será familiar, atendida por ellos. Rolando es tercera generación y tiene a su hijo perfeccionándose para encarar la cuarta.

Para elaborar un sabor, La Alpina testea hasta encontrar el punto deseado y si gusta al paladar, sale a la venta.

La heladería utiliza tecnología nueva, pero no se priva de lo antiguo. Aún tiene en funcionamiento una máquina del ‘50 que es cuidada y mantenida como una “reliquia”.

Hasta el 2020 hubo dos sucursales, pero la pandemia y cuestiones personales llevaron a conservar sólo la casa original. Eccher afirma que el rubro “no creo que dé tanta ganancia como se piensa, por eso muchos salen a vender franquicias, es parte del juego.”

También rescata el sentido de pertenencia y el respeto a la tradición: “aquí hacemos todo como lo hacía mi abuelo, y los helados de agua y de canela son nuestro mayor orgullo.”

Portho Gelatto. Casa central de avenida Libertador

Propietarios: Fundada por Ricardo Nieto y su esposa Carmen, hoy gestionada por sus hijos Santiago y Fernando.
Locales: 12 locales aquí y otro en Villa Allende, Córdoba.

Fernando Nieto, Director Ejecutivo de Portho Heladerías

Portho se ha hecho un nombre por la calidad de su producto, acumulando galardones:

  • En 2019 logró el primer puesto en la 5° edición de la “Copa Argentina del Helado Artesanal”
  • En la Feria Internacional FITHEP 2019 obtuvo el título como mejor helado del país al presentar la “Copa de Oro: estrella de los andes”
  • En el 2022 el Maestro Heladero, Santiago Nieto, integró el seleccionado argentino y fue campeón latinoamericano del helado artesanal
  • En el 2023 el chocolate logró el primer puesto en la Coppa d’Oro Argentina, en la provincia de Córdoba.

Esta empresa genera aproximadamente 180 puestos de trabajo entre empleos directos en fábrica, locales de venta, transporte, márketing y área jurídica y de contaduría.

El desarrollo de un nuevo sabor lleva 70 días de prueba, testeo y con un estudio de mercado previo que avale la factibilidad de su éxito.

Portho también sirve café sin definirse como cafetería, sino como heladería que ofrece tal servicio. El director ejecutivo sostiene que en invierno las ventas bajan mucho: “Ha habido años mejores y peores, pero también es cierto que el sanjuanino se ha ido reconvirtiendo y desde hace unos años consume helado en invierno.”

En cuanto a la elaboración “en los ‘90, producir un kilo costaba 0,84 centavos de dólar y se vendía a 6 dólares, lo que hacía una ganancia astronómica, pero hoy está lejos de ser así. Es rentable pero no se compara.” Portho sostiene que el precio lo determina la demanda y actualmente es el tercer precio de la plaza.

La filosofía de la empresa es resumida por Nieto: “estamos convencidos de que podríamos hacer un helado con el doble de calidad, pero el precio nos expulsaría del mercado. Si teníamos un cliente que nos consumía dos veces por semana y ahora solo puede hacerlo una vez, preferimos que compre solo esa vez y entregarle un helado artesanal de calidad.”

A las marcas establecidas en la ciudad hay que agregar las que pueden conseguirse en supermercados y kioscos y que provienen de distintas provincias.

  • Frigor (Nestlé/Froneri): Su planta principal se encuentra en El Talar de Pacheco, partido de Tigre, provincia de Buenos Aires.
  • Arcor: Los helados de esta marca se producen mayormente en su complejo industrial de Arroyito, Córdoba..
  • Ice Cream: Esta empresa, que fabrica tanto su marca propia como marcas blancas para grandes supermercados, tiene su planta industrial de 16.000 m² también en El Talar de Pacheco, Tigre.
  • La Montevideana (Monthelado): La sede central y planta de producción de esta histórica marca se ubica en la ciudad de Rosario, Santa Fe.

Aunque es principalmente una cadena de heladerías, sus productos (como los baldes y palitos) son de fabricación masiva. Su mega fábrica está en el Parque Industrial Ferreyra, en Córdoba. 

El franquiciado en San Juan es Alejandro Carvajal. Grido tiene 24 sucursales en San Juan, 1900 en todo el país más presencia en Chile, Uruguay, Paraguay y Perú.

Alejandro Carvajal, franquiciado de Grido

Cuenta el franquiciado que cuando arrancaron en el 2004 habían 15 empleados, pero la automatización ha llevado a que tenga 5 en su franquicia.

La elaboración ocurre en la planta de Córdoba, la más grande del país. Él compra el producto que arriba una o dos veces por semana en camiones. Se proyecta, se hacen estadísticas y en base a eso se realiza el pedido.

El criterio para abrir una nueva sucursal se basa en un relevamiento geográfico y demográfico. Se estudia en qué zona no hay una heladería, la cantidad de habitantes y la cercanía con otro Grido, para no perjudicar a otro franquiciado. Carvajal explica que Grido “fideliza al cliente con propuestas novedosas, alianzas con otras marcas y tarjeta de puntos para canjear premios. Sabemos que somos más económicos que otras heladerías, pero la calidad existe y por eso la gente nos elige; además, ofrecemos pizza, pechuguitas y más productos para que el cliente elija.”

Sucursal de 25 de mayo y Matías Zavalla