• 16 de mayo de 2026

El gran giro

El gran giro

El mundo tiene cada vez menos hijos

La fecundidad mundial ha caído de cinco hijos por mujer en 1950 a 2,2 en 2025.  Y el año 2023 podría haber sido el primero en la historia en que la tasa global de fertilidad cayó por debajo del nivel necesario para garantizar el reemplazo poblacional.

Lo llamativo es que este descenso afecta por igual a países ricos y pobres, a economías en crecimiento y en recesión, a sociedades laicas y a otras profundamente religiosas. Además, esta caída avanza más rápido de lo que se preveía hace apenas una década.

En la gran mayoría de los países africanos las mujeres tienen cuatro o más hijos, al igual que en Afganistán, único país fuera del continente africano donde las mujeres superan esa cifra. Entre los países con tres a cuatro hijos por mujer se encuentran Irak, Kazajistán, Pakistán y Papua Nueva Guinea.

En cuanto a nacimientos totales, en 2025 India es el país donde nacen más bebés, con una proyección de 23,1 millones de nacimientos. En segundo lugar está China con 8,7 millones, y tercero Nigeria con 7,6 millones.

Pero el futuro apunta a África: en 2021 el 29% de los bebés del mundo nacieron en el África subsahariana, y se proyecta que para 2100 esa cifra aumente a más del doble, superando el 54% de todos los bebés del planeta.

La situación más crítica está en Asia Oriental y Europa. Dentro de los casos más extremos en la OCDE se encuentra Corea del Sur con una tasa de 0,72 hijos por mujer, seguida de España (1,12), Polonia (1,16) y Japón (1,2)

Países como China, Ucrania o Puerto Rico rondan el hijo por mujer.

▲ Para los países con poca natalidad (Europa, Asia Oriental, partes de América Latina), el descenso de las tasas de natalidad, con la consiguiente reducción de trabajadores y consumidores, junto al aumento de las personas en edad de jubilación, amenaza con desestabilizar las economías locales. Los sistemas de pensiones son el problema más inmediato: la proporción entre trabajadores y jubilados era de unos cinco en 1960, pero ahora es aproximadamente la mitad, y se prevé que siga cayendo.

▲ Para los países con alta natalidad (África subsahariana):

El desafío es el opuesto, pero igual de serio. La economía del continente africano solo puede absorber alrededor de una cuarta parte de los jóvenes que se incorporan cada año al mercado laboral: solo 3 millones consiguen un empleo formal cada año, de entre 10 y 12 millones de solicitantes.

A nivel global: Estas tendencias reconfigurarán por completo la economía global y el equilibrio internacional de poder, y obligarán a la reorganización de las sociedades.

El contraste entre África joven y Europa/Asia envejecida crea una presión migratoria estructural enorme. En el siglo XXI se está produciendo una gran transformación demográfica: la población disminuirá en Asia, se estancará en Europa y Norteamérica, y seguirá creciendo considerablemente en el África subsahariana. Los países con déficit de trabajadores jóvenes necesitarán inmigrantes; los países con exceso de jóvenes sin empleo tendrán razones para emigrar. Esa tensión será uno de los grandes temas políticos del siglo.

En resumen: el mundo no va hacia la superpoblación, sino hacia una fractura demográfica profunda — un lado que envejece y se achica, y otro que explota de jóvenes pero sin la infraestructura para absorberlos. Las migraciones, las pensiones y la geopolítica del siglo XXI van a girar en torno a este fenómeno.

América Latina es la región que registró la mayor caída de la fecundidad a nivel mundial entre 1950 y 2024: Y dentro de esa tendencia regional, el Cono Sur lidera el descenso.

La caída abrupta del número de nacimientos se produjo alrededor de 2014/2015 en Uruguay, Argentina y Chile. En otros países el descenso más pronunciado se observó unos años después, alrededor de 2019/2020.

Chile tiene una tasa de fecundidad de 1,14 hijos por mujer, una de las más bajas no solo de la región sino del mundo entero. Con 7,7 nacimientos por cada 1.000 habitantes, registra la menor tasa de natalidad de toda América Latina, muy por debajo del promedio regional de 14,5. Ya está en territorio de «ultrabaja fecundidad», en la misma categoría que Japón o España.

Uruguay tiene 1,40 hijos por mujer, y su situación es particularmente llamativa: especialmente durante la pandemia se produjeron más muertes que nacimientos, dato que se mantiene hasta la actualidad: en 2022 hubo 7.000 muertes más que nacimientos. Es decir, Uruguay ya está en crecimiento natural negativo.

En Argentina se estiman 1,4 hijos por mujer, cuando hace casi 20 años era 2,1. La edad mediana ya roza los 33 años y la esperanza de vida es de 78 años. Argentina y Chile registran las menores tasas de natalidad de la región, con menos de 10 nacimientos por cada 1.000 habitantes. Un dato sociológico revelador: Argentina lidera la región en hogares unipersonales, lo que habla de un nuevo estilo de vida.

Brasil tiene una tasa de 1,6 hijos por mujer, bien por debajo del reemplazo. La relación natalidad/mortalidad en Brasil ya es prácticamente 1 a 1: nace una persona por cada una que fallece. El descenso fue especialmente brusco a partir de 2019-2020.

Perú tiene 2,1 hijos por mujer, exactamente en el umbral mínimo de reemplazo. Está en una posición de equilibrio precario: cualquier caída adicional lo pone en déficit demográfico. La relación nacimientos/defunciones es todavía de 3 a 1.

Son los dos únicos países del grupo que todavía garantizan el reemplazo generacional. Paraguay tiene una tasa global de fecundidad de 2,44 hijos por mujer y Bolivia de 2,58. En Paraguay hay 4 nacimientos por cada defunción. Ambos países tienen mayor proporción de jóvenes de 0 a 14 años, superando el 24%, lo que implica un gran potencial productivo futuro.

En resumen, el Cono Sur está siguiendo el camino de Europa con unas décadas de retraso, pero a una velocidad mayor. Chile y Uruguay ya están en zona crítica. Argentina les pisa los talones. Brasil se encamina en la misma dirección. Solo Paraguay y Bolivia todavía tienen margen. Las pensiones, la migración y el cuidado de adultos mayores van a ser los grandes temas políticos de la próxima generación en toda la región.

El 52,7% de las niñas y los niños en Argentina se encuentra en situación de pobreza monetaria, según datos del INDEC del segundo semestre de 2024. Ese número llegó a superar el 67% en el primer semestre de ese mismo año, antes de la recuperación parcial de ingresos.

Hay un círculo que se retroalimenta: los hogares pobres tienen más hijos en promedio, los hijos nacen en la pobreza, y eso dificulta su desarrollo educativo y laboral futuro. En Argentina se está concentrando la pobreza en la primera infancia y en la adolescencia, que es donde más capacidades se generan.

Todo esto configura una paradoja difícil de resolver: los niños que más necesitan inversión del Estado (educación, salud, vivienda) son los que nacen en los hogares con menos recursos para sostenerlos. Y el Estado, en lugar de estar preparándose para ese desafío, viene reduciendo el presupuesto de niñez: el presupuesto dirigido a la niñez cayó un 18% en 2024, un 17% en 2023 y un 2% en 2022, en términos reales. El desafío no es solo demográfico. Es una pregunta política central: ¿qué sociedad produce Argentina cuando los chicos que nacen son mayoritariamente pobres, y la inversión en su desarrollo se achica?