- 22 de noviembre de 2025
Economía: ¿estamos condenados al éxito?

Escribe MARCELO DELGADO
En el año 2002, después de una sucesión fallida de presidentes provisorios, asume la máxima magistratura Eduardo Duhalde. Había perdido las elecciones con De la Rúa en 1999, pero la renuncia al promedio del mandato del presidente radical abrió la necesidad de cubrir provisoriamente la presidencia y llamar a elecciones generales, para que asuma un nuevo mandatario.
En su discurso de asunción, y en un contexto de una de las crisis económicas más profundas de la historia argentina, el dos veces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, vicepresidente de Menem y Senador; dijo: “Los Argentinos estamos condenados al éxito”. Hábil político, formado en el cono urbano de la Provincia de Buenos Aires, sabía que para sostenerse y demorar el llamado a las elecciones tenía que ganar tiempo. La esperanza colectiva es aliada dorada para las transiciones. Al poco de salir de la convertibilidad, cambió su ministro de Economía aniquilado por la gestión, el corralito y el tema de la deuda externa. Así, llega en reemplazo de Jorge Remes Lenicov, Roberto Lavagna. Economista, político y experimentado operador; aprovechó la devaluación, la capacidad ociosa de la industria y le dio un fuerte impulso a la economía. Al punto que Duhalde, que juró no ser candidato en las nuevas elecciones, estuvo tentado de presentarse a la contienda. Acorralado por los gobernadores peronistas, finalmente enfrentó a su ex jefe Menem, y le cedió el bastón de mando a Néstor Kirchner en 2023.
Años atrás, en 1991, Carlos Menem, amenazado por una economía en picada, hiperinflación, los Bónex de Herman González, pegó el volantazo y el 1 de abril de ese año, presentó la convertibilidad, una reforma inédita del Estado, las privatizaciones, reformas en el sistema previsional, bancario, fiscal, entre otros. Nuevamente, la esperanza de que lo mejor estaba por venir, fue el argumento que justificó el ajuste de sus primeros 20 meses de gobierno. Tal fue el apoyo recibido que fue por más, y en 1994 reformó la Constitución Nacional y logró en 1995, volver a ser elegido presidente.
El presidente Milei ha demostrado más allá de algunos errores infantiles, que tiene determinación en sus convicciones y el resultado de las elecciones de medio término, le dio el impulso que necesita para avanzar a fondo con su plan. En las experiencias de salida de crisis del pasado, la esperanza fue acompañada de fuertes medidas, cambios significativos de rumbos y nuevos escenarios para superar las dificultades. Cuando la esperanza llevó medidas tibias, se agotó poco tiempo. Recientemente, Mauricio Macri, Alberto Fernández y un poco antes, De la Rúa, minaron un capital gigante: la confianza. Fueron “prudentes” para algunos, “inútiles” para otros, pero no avanzaron con cambios significativos y se los devoró la coyuntura. Milei no tiene el carácter ni la impronta de los perdedores, pero más allá de algunos logros en materia de finanzas (inflación, tipo de cambio) todavía no concretó gran parte de sus propósitos. ¿Será este próximo año la condena al éxito o la coyuntura una vez más, se quedará con nuestros sueños?

