- 13 de diciembre de 2025
Dos años de gobierno de Milei y Orrego
Llegaron sin apoyo legislativo ni judicial y enfrentaron los problemas bajo formas muy distintas
Javier Milei y Marcelo Orrego tienen pocas similitudes en las formas de hacer y entender la política. El presidente llegó como un economista que venía a combatir todo lo relacionado con la política. El gobernador siempre actuó dentro de la institucionalidad de los partidos.
Lo que sí, partieron de una base similar, llegaron sólo con el poder del cargo y debieron construir sus conexiones de respaldo para poder gobernar.
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Milei llegó con 9 senadores, un bloque minoritario en la Cámara de Diputados, sin gobernadores propios, sin integrantes de la Corte de Justicia. Incluso el Senado rechazó el pliego de sus dos postulantes al máximo organismo de la Justicia. Enfrente tuvo un enemigo que se eligieron entre los dos, el kirchnerismo. Y un aliado que pasó por momentos de sintonía y de alejamiento, Mauricio Macri.
Incluso, en su Gabinete, Milei no dudó en traer referentes claves del PRO, en pactar con los que él mismo llamó la “casta” y buscó pelear todo el tiempo con los periodistas de medios tradicionales. Sus mayores enemigos dentro del periodismo son profesionales que siempre fueron grandes críticos del kirchnerismo. Y consideró Milei que lo traicionaron porque también lo criticaron a él.
Para enfrentar al periodismo tradicional, delineó una estrategia basada en sacar toda la publicidad oficial del Gobierno Nacional y premiar o castigar a través de YPF. Además optó por la comunicación a través de X, en donde pasa horas retuiteando mensajes y dando like a quienes lo empoderan en el cargo.
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En esa construcción de poder con base en una debilidad manifiesta, Milei no buscó acordar. No dudó en enfrentarse con las universidades, los sindicatos y con algunos gobernadores. Desfinanció a las provincias y eliminó al mínimo los aportes nacionales en áreas claves como Educación e Infraestructura.
No le importó quedar mal con los jubilados y las personas discapacitadas con tal de no romper el déficit cero. Se caracterizó más por viajar al exterior que a las provincias argentinas y demostró estar alineado con Estados Unidos e Israel en materia de política internacional.
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En la conformación de Gabinete, no tuvo miramientos en apartar a sus funcionarios que se alejaban un poco de sus ideas más extremas. Y lo salpicaron varias causas de corrupción.
Y siempre jugó todo a imponer o morir en el intento. Poco dio en las negociaciones y a los gobernadores muchas veces no les cumplió lo pactado.
No la tuvo fácil. Heredó una inflación que iba escalando mes a mes, un gran déficit fiscal y una gestión -la de Alberto Fernández- que era criticada hasta por quienes lo pusieron en el poder.
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En su campaña fueron fundamentales dirigentes menos extremistas en sus posturas. Ante “sus ideas locas” en un país coaptado en el poder por el círculo rojo de la política, personas claves como Victoria Villarruel, Guillermo Franco, Diana Mondino, ya no pertenecen al Gobierno, lo mismo que legisladores, varios ministros y funcionarios de segundo y tercer orden.
Eso sí, tuvo aliados muy fuertes, principalmente el presidente de Estados Unidos Donald Trump.
En momentos que estaba en riesgo el triunfo en las elecciones de medio término, Trump apareció con apoyo económico y gestual. Abrazó a su amigo demostrando que era su único aliado en la región.
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Marcelo Orrego también llegó con una Cámara de Diputados totalmente en contra.
El Poder Judicial tiene a los 5 cortistas con pasado peronista y nombrados por Sergio Uñac. También el Fiscal General no era afín a él y pocos jueces y funcionarios judiciales eran cercanos a Orrego.
El Tribunal de Cuentas también tiene mayoría peronista, al igual que la Defensora del Pueblo. Incluso la gran mayoría de los empleados públicos fueron nombrados en gestiones justicialistas. Y la mayoría de los sindicatos son de base justicialista.

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Trató de no buscar enemigos. Incluso, la cantidad de convenios que tienen Gobierno y la UNSJ, demuestran una gran sintonía y Orrego siempre demostró cercanía con la Universidad Pública y gratuita.
En su gestión, defendió a sus funcionarios -algunos a pesar de demostrar fallas importantes por falta de experiencia- con muy pocos cambios en su estructura de gestión.
Orrego buscó siempre el diálogo incluso con sectores complicados a la hora de negociar como son los gremios educativos y de la salud, sigue un modelo de comunicación tradicional y -al venir del municipalismo- tiene buena relación con los intendentes.
Recién en el último mes elevó las críticas con Sergio Uñac, su antecesor. Y se cuida de no criticar al peronismo en general.
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Otra gran diferencia respecto al presidente, es el trato con su vice. Si bien han tenido en varias oportunidades miradas bien diferentes, rispideces, enojos, se mantiene intacto el diálogo y el afecto. Son un equipo y la gestión del vicegobernador Fabián Martín con las otras fuerzas políticas en la Cámara de Diputados, pudo alcanzar acuerdos necesarios en apoyos de leyes, a pesar de estar en minoría.
Orrego tiene menos poder de acción que la Nación porque está limitado en la toma de acciones de medidas de fondo. Con las finanzas provinciales, una parte importante va a sueldos que no pueden reducirse. Y con lo que queda, privilegió mantener la obra pública para contener fuentes de trabajo.
Eso sí, las esperanzas en su gestión de una minería en marcha, dependen de la Nación, con corregir la Ley de Glaciares y dar estabilidad económica para que lleguen inversiones.
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Ahora bien… ¿Cómo es la relación entre dos figuras tan distintas?
La relación entre Milei y Orrego es más bien protocolar.
Una prueba es que no acordaron en la campaña de este año. Además, sus personalidades como asì también la forma de entender la política, son distintas.
Aunque, justo es decirlo, Orrego siempre tuvo buena sintonía con quienes negociaron con las provincias como fue anteriormente con Guillermo Franco y Lisandro Catalán y ahora con Diego Santilli.
A pesar de compartir espacio político durante años con el referente de Milei en San Juan, el diputado nacional José Peluc, la realidad es que poco y nada se quieren.
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Como sìntesis diríamos que a dos años de asumir, los dos partieron de bases similares, de poco poder, y consiguieron gobernar, con mayor o menor éxito y en situaciones no siempre fáciles, con formas totalmente opuestas de negociar.

