• 3 de julio de 2026

Cuando la política llama a otras puertas

Cuando la política llama a otras puertas

Los outsiders que se ponen el traje de candidato

Juanca WEBUna nota de Juan Carlos Bataller Plana

Hay un fenómeno que atraviesa la historia argentina contemporánea.

Para darle una fecha cierta, empezó a evidenciarse tras el retorno de la democracia y a profundizarse con la llegada del menemismo.

Son quienes, sin pertenecer a la casta política tradicional, un día decidieron —o fueron empujados por las circunstancias— a calzarse el traje de la representación pública.

No hicieron la carrera política tradicional. Se saltearon la etapa de la militancia, de repartir votos, pintar paredes y caminar los barrios.

Los que llegan de afuera de la política, en la mayoría de los casos, son “inventos” de los propios dirigentes de dilatadas carreras.

De a poco empezó a devaluarse como institución el partido político, se transformaron en frentes con nombres de slogans publicitarios y buscaron convencer a los electores con caras nuevas.

No alcanzaba para atraer los votos las candidaturas de dirigentes forjados en comités partidarios ni de herederos de apellidos con historia electoral. Y fue por eso por lo que la misma política se fue a buscar propuestas electorales en cantantes, deportistas, médicos, empresarios, vedettes, actores y comunicadores que, desde otros escenarios, saltaron al ruedo de la política con la convicción —a veces ingenua, a veces calculada— de que su éxito en un ámbito ajeno podía traducirse en gestión pública.

Detrás de este fenómeno opera una lógica de desplazamiento simbólico: cuando la ciudadanía pide que se vayan todos y percibe que la política tradicional fracasa en representarla —por corrupción, ineficacia o distancia con la vida cotidiana—, busca en otros ámbitos las cualidades que la clase dirigente parece haber perdido.

El éxito deportivo, artístico o empresarial funciona como una prueba tangible de capacidad, algo que el político de carrera, desgastado por promesas incumplidas, ya no puede ofrecer.

Se produce así una transferencia de confianza: si alguien triunfó en su oficio bajo reglas claras y verificables —ganó partidos, vendió discos, construyó una empresa—, se presupone que sabrá «ganarle» también a los problemas del Estado.

Es una forma de antipolítica que no rechaza el poder en sí, sino su ejercicio profesionalizado.

El outsider encarna la fantasía de la gestión pura, despojada de rosca partidaria, aunque la experiencia demuestre que gobernar exige saberes que el mérito en otro campo no siempre garantiza.

Si fuese así, Lionel Messi sería el mejor presidente del mundo…

Della Mota
Facundo Della Mota
Ponte
Pedro Ponte

Para el año próximo, quizás envalentonados por el fenómeno Milei, hay varios outsiders de la política que están preparándose para ir tras un cargo electivo.

Para dar dos nombres de los últimos días en San Juan, está Facundo Della Mota, el corredor de autos que fue campeón de una categoría nacional y está militando entre los libertarios sanjuaninos con la intención de postularse.

También está Pedro Ponte, el fuerte empresario minero con inversiones en diferentes y variados rubros, que hizo una cena y juntó a un grupo de periodistas en el chalet González Aubone -sede de sus empresas- para dar a entender que buscará meterse en una actividad que hasta ahora le es ajena, la del político.

El diputado nacional Abel Chiconi es un reconocido enólogo y el senador Bruno Olivera es contador y dueño de gimnasios.

En San Juan son varios los casos de quienes llegaron a la política desde otros ámbitos. Muchos de los ministros de José Luis Gioja fueron del ambiente universitario. Mucho antes, en 1983, Leopoldo Bravo designó a su amigo Evaristo Ales como intendente de la Capital. Don Evaristo manejaba el transporte público de pasajeros.

Ale
Evaristo Ales
Escobar
Jorge Escobar

A fines de los ochenta, Escobar era sinónimo de Ford en San Juan.

Y el Partido Justicialista buscaba un empresario que le permitiera mostrar un fenómeno que estaba provocando Carlos Menem a nivel nacional. Es así que en la interna peronista, se presentaba una fórmula fuerte, Tulio Del Bono -rector de la UNSJ- con Guillermo De Sanctis.

Ante esto, César Gioja con otros dirigentes fueron a buscar un empresario y Enrique Victorio -amigo de Eduardo Menem- propuso a su sobrino Jorge Escobar. Hasta ese momento, Escobar era presidente de las concesionarias a nivel nacional y del club San Martín, además era socio en Automotores Casas de su suegro Mario Victorio.

Fue un gran acierto electoral ganándole en 1991 al bloquismo y a la Cruzada Renovadora. En ese entonces tenía 37 años. Volvió a triunfar en 1995 pero corrió la suerte del menemismo perdiendo en 1999 y consiguiendo a duras penas una banca en la Cámara Baja. Finalmente, en 2003 -con 50 años- se retiró de la política.

Basualdo
Roberto Basualdo

Roberto Basualdo era conocido por su pasado como corredor de autos y principalmente por ser propietario de la cadena mayorista que llevaba su nombre y con sucursales en diferentes lugares del país. Empezó a militar en el peronismo pero al ver que le cerraban puertas, fundó en 2003 su propio partido. Senador nacional durante doce años, decidió no ser más candidato, pero le pasó la posta al actual gobernador de San Juan, Marcelo Orrego. Actualmente, divide su tiempo entre sus inversiones en Estados Unidos y ser una voz muy escuchada por el gobernador.

Menem
Monir Madcur

Entre los empresarios identificados con el espíritu menemista, dos nombres muy fuerte de la década del ’90 buscaron llegar a ser gobernador. Uno fue Atilio Boggian -fuerte empresario hotelero, de estaciones de servicio y del transporte- fue candidato a gobernador en el 2003 con la lista de Recrear, que a nivel nacional lideraba Ricardo López Murphy.

El otro fue Monir Madcur. Dueño de una importante empresa constructora, fue el referente de Domingo Cavallo en San Juan aunque sin éxito.

En diferentes momentos quisieron ser intendentes el creativo Gringo De Lara, el prestigioso arquitecto Héctor Muñoz Daract, el cantante bailantero Yeyo. Buscaron ser diputados Marisa López y Marcelo Yacante, de larga trayectoria en la televisión.

Todos ellos, tras el trunco intento, volvieron a sus carreras.

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Marisa López y Marcelo Yacante
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El caso fundacional, es el de Ramón «Palito» Ortega. El ídolo popular de los años sesenta, con su carisma y su capacidad para conectar con las masas, se convirtió en gobernador de Tucumán y más tarde en secretario de Desarrollo Social de la Nación. Incluso en 1999, acompañó a Eduardo Duhalde como candidato a vicepresidente de la Nación.

Un día se cansó y volvió a lo suyo, a la guitarra, a cantar y a disfrutar de su familia.

Su travesía demostró algo que se repetiría después: la fama construida en otro terreno puede ser un capital político real, aunque no siempre garantiza eficacia administrativa. Palito gobernó, y lo hizo con resultados dispares, pero abrió una puerta que muchos transitarían después.

Carlos Reutemann fue quizás el ejemplo más longevo y, en cierto sentido, más exitoso de esta estirpe. El expiloto de Fórmula 1, con su fama de hombre parco y su prestigio internacional, gobernó Santa Fe en dos oportunidades y ocupó una banca en el Senado durante casi dos décadas. Reutemann nunca abandonó del todo el perfil bajo que lo caracterizaba en las pistas, pero supo construir una carrera política sólida, al punto de ser considerado presidenciable en más de una ocasión. Murió en funciones, en 2021, sin haber roto jamás ese vínculo entre el deporte y el poder.

Sioli
Daniel Scioli

Daniel Scioli representa otra variante del mismo fenómeno: el deportista que ingresa a la política de la mano de un liderazgo fuerte —en su caso, el menemismo primero y el kirchnerismo después— y termina construyendo una carrera propia, prolongada y sinuosa. De campeón de motonáutica a vicepresidente, gobernador de Buenos Aires y candidato presidencial, Scioli encarna la persistencia: entró como outsider y hoy, más de dos décadas después, sigue siendo un actor relevante del tablero, aunque nunca alcanzó la centralidad que ambicionó en 2015.

Incluso, demostró ser más casta que los políticos cuando pasó del kirchnerismo a ser el actual secretario de Turismo, Deportes y Ambiente de la gestión de Javier Milei.

Macri
Mauricio Macri

Mauricio Macri, empresario y presidente de Boca Juniors antes que dirigente político, construyó desde el club una base de popularidad que trasladó primero a la Jefatura de Gobierno porteña y luego a la Presidencia de la Nación. Su caso es distinto a los anteriores porque no fue un salto directo desde el deporte o el espectáculo a un cargo ejecutivo de peso: hubo una construcción partidaria deliberada, el PRO, que funcionó como puente entre la gestión de un club y la gestión del Estado. Macri, a diferencia de Reutemann o Scioli, sí armó estructura política propia y hoy, ya fuera del Poder Ejecutivo, sigue siendo una referencia insoslayable de la centroderecha argentina.

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Francisco De Narváez

Francisco de Narváez llegó desde el mundo empresarial, con Casa Tía como plataforma de reconocimiento público, y protagonizó una de las elecciones más recordadas de la era kirchnerista al derrotar al propio Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires en 2009. Su carrera, sin embargo, no logró consolidarse en el tiempo: tras ese pico, su influencia fue diluyéndose hasta un retiro paulatino de la primera línea.

Actualmente, sigue siendo un fuerte empresario.

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Facundo Manes

Facundo Manes, neurocientífico de prestigio internacional, intentó un camino similar más recientemente, capitalizando su reputación académica y mediática para disputar la interna radical y proyectarse como opción presidencial. Su recorrido, aún en desarrollo, muestra las dificultades de trasladar el prestigio profesional a la construcción de poder territorial, algo que la política partidaria exige y que no siempre se aprende en los laboratorios ni en los consultorios.

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Javier Milei

Javier Milei apareció en los medios de comunicación como un economista mediático, personaje de exposición pública insólita para su disciplina. Daba espectáculo con sus gritos y su forma de decir las cosas sin protocolo.

Fue uno de los pocos casos exitosos que irrumpió en la política sin estructura previa, sin partido tradicional detrás, y en apenas dos años pasó de diputado nacional a presidente de la Nación. Cuando ganó la presidencia no tenía partido político propio. Ni dirigentes en las provincias.

Por eso es que llegó sin gobernadores ni legisladores de su palo pero fue muy rápido que viejos zorros de la política comenzaran a rodearlo.

Milei fue una ruptura total con la lógica de acumulación política clásica, sostenida en un fenómeno de época —el hartazgo con la casta— que él mismo supo capitalizar mejor que nadie.

Del Sel
Miguel Del Sel

– Miguel Del Sel, humorista de larga trayectoria con MIDACHI, disputó dos veces la gobernación de Santa Fe con el PRO, llegando cerca del triunfo en 2011. Incluso, Mauricio Macri lo nombró embajador  en Panamá. Su carrera política, sin embargo, no logró trascender ese techo electoral y terminó retornando al ámbito del espectáculo.

–Amalia Granata, mediática y panelista, dio el salto a la Legislatura santafesina en 2019 enarbolando banderas del conservadurismo social y el movimiento provida.

–Virginia Gallardo es vedette y modelo, con años de trayectoria en el mundo del espectáculo y la televisión, se convirtió en concejala de la ciudad de Corrientes en 2021 por Encuentro por Corrientes, el espacio del gobernador Gustavo Valdés. Y el año pasado llegó al Congreso con los libertarios.

–Distinto es el caso de Luis Brandoni. Si bien esuno de los actores más reconocidos del cine y la televisión argentina, en realidad combinó durante décadas su carrera artística con la militancia política.

–Moria Casán, una de las grandes divas del espectáculo argentino, dio el salto a la política institucional al asumir como parlamentaria del Mercosur por el Frente Renovador de Sergio Massa en 2015. La convenció su actual pareja, suegro de Massa.

Tinelli

Marcelo Tinelli, el empresario mediático más influyente de la televisión argentina de las últimas tres décadas, fue una de las personas más influyentes de la política argentina. La caracterización de Fernando De la Rúa en su programa fue uno de los motivos del final de la carrera política del expresidente.

Si bien Tinelli coqueteó reiteradamente con una candidatura presidencial —especialmente en 2015—nunca pudo concretar el salto. Incluso, lo perjudicó en su carrera televisiva.

Trump

Donald Trump es el mayor ejemplo actual de los que llegaron a la política, desafiando toda lógica.

El magnate inmobiliario estadounidense llegó a la Casa Blanca en 2016 sin haber ocupado jamás un cargo público, desafiando todos los pronósticos y todas las reglas no escritas de la política norteamericana. Su marca personal, construida durante décadas en Manhattan y potenciada por el programa «The Apprentice», le dio una exposición mediática que ningún candidato tradicional podía igualar.

Trump llevó el fenómeno del outsider a una escala inédita: no solo ganó la presidencia, sino que reconfiguró por completo al Partido Republicano a su imagen y semejanza, sobrevivió a dos juicios políticos, a una derrota electoral y a procesos judiciales múltiples, y volvió a la Casa Blanca en 2024 en uno de los regresos más resonantes de la historia política contemporánea.

El paralelismo con Milei no es casual y ha sido señalado hasta el cansancio: ambos capitalizaron el hartazgo ciudadano con las élites tradicionales, ambos construyeron su base de poder por fuera de los partidos históricos, y ambos gobiernan apelando a un estilo confrontativo que rompe con los códigos diplomáticos clásicos. La diferencia sustancial radica en que Trump llegó desde el mundo de los negocios y el espectáculo, mientras que Milei lo hizo desde la economía académica y mediática, pero el mecanismo de legitimación —la desconfianza hacia la política profesional— es idéntico en ambos casos y explica buena parte del clima de época que atraviesa a Occidente.

Reagan

–Ronald Reagan fue el gran precursor: actor de Hollywood que construyó una segunda vida política primero como gobernador de California y luego como presidente de Estados Unidos durante dos mandatos, siendo un referente histórico del Partido Republicano.

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–Arnold Schwarzenegger replicó parcialmente ese camino: nacido en Austria, casado con una integrante del clan Kennedy, pasó de ser estrella de acción hollywoodense a gobernador de California, con una gestión pragmática que combinó agenda ambiental con impronta republicana moderada.

Volodimir Zelenski
Volodímir Zelenski

–El caso más llamativo de la última década es, sin dudas, Volodímir Zelenski: actor y comediante ucraniano, protagonista de una serie de televisión donde interpretaba a un profesor devenido presidente por accidente, que terminó convirtiéndose en presidente real de Ucrania en 2019 y, tras la invasión rusa de 2022, en un líder de guerra reconocido mundialmente.

–En el plano deportivo internacional, Imran Khan, ídolo del cricket pakistaní y campeón mundial en 1992, se convirtió en primer ministro de Pakistán en 2018, aunque su gestión terminó en destitución y posterior encarcelamiento. Y George Weah, único africano en ganar el Balón de Oro, pasó de las canchas europeas a la presidencia de Liberia en 2018, sosteniendo su mandato durante un período completo antes de perder la reelección en 2023.

Vitali Klitschko
Vitali Klitschko

–Vitali Klitschko, campeón mundial de boxeo de pesos pesados, se convirtió en alcalde de Kiev en 2014 y sigue en el cargo hasta hoy, habiendo ganado una relevancia internacional inédita como símbolo de la resistencia ucraniana durante la invasión rusa.

–Manny Pacquiao, ídolo del boxeo filipino y uno de los pugilistas más laureados de la historia, combinó durante años las peleas con una carrera política que lo llevó al Congreso y luego al Senado de Filipinas, además de un intento presidencial en 2022 que no prosperó.

Berlusconi
Silvio Berlusconi

–Silvio Berlusconi, magnate de los medios de comunicación italianos, construyó desde su imperio televisivo (Mediaset) la plataforma que lo catapultó a ser primer ministro de Italia en cuatro oportunidades entre 1994 y 2011.