• 16 de marzo de 2026

Orrego y Milei. El dilema de acordar o no

Orrego y Milei. El dilema de acordar o no

Escribe: Juanca Bataller Plana –

Por momentos, la política argentina parece volver a una vieja escena conocida: un poder central fuerte que intenta ordenar el tablero electoral y una constelación de gobernadores que, con pragmatismo, buscan preservar sus territorios.
No se equivoque, esta vez hay una diferencia sustancial: el gobierno de Javier Milei no responde a las lógicas tradicionales del sistema político. Y eso está obligando a todos los actores —desde el peronismo hasta el PRO— a recalcular sus movimientos.

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La señal más clara llegó en los últimos días desde la Casa Rosada: “Si adelantan las elecciones, no son aliados”.
La frase no es un simple comentario electoral. Es una advertencia política dirigida a los gobernadores que, históricamente, utilizaron el desdoblamiento electoral como herramienta de supervivencia. En otras palabras: separar los comicios provinciales de los nacionales para protegerse de la ola —positiva o negativa— que venga desde Buenos Aires.
Para el gobierno libertario, esa práctica es incompatible con su estrategia de expansión territorial. El oficialismo necesita que la boleta presidencial arrastre votos en las provincias para fortalecer a La Libertad Avanza, un partido que todavía carece de estructura política en gran parte del país.
Detrás de esa advertencia se esconde una lógica clara: Milei busca transformar su liderazgo nacional en poder territorial.

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Para Milei, el desafío es construir poder más allá de la Casa Rosada.
Para la oposición, encontrar una narrativa capaz de disputar el liderazgo nacional.
Y para gobernadores como Marcelo Orrego, el desafío es aún más complejo: administrar una provincia, negociar con el poder central y, al mismo tiempo, definir una estrategia electoral que garantice gobernabilidad.
Decirle que no a Milei desde la oposición es fácil.
Decirle que no como gobernador significa poner la espalda para aguantar la que seguro se va a venir.
Si el ajuste de la Nación con las provincias fue brutal, será aún más con los gobernadores díscolos.
Tras dos años de Milei, en las provincias están los gobernadores que no pueden hacer obras, que no cuenta con la Nación para hacer rutas nacionales, escuelas o viviendas, que ya no llegan fondos como los destinados a los docentes y a la vez, con una caída pronunciada de lo que llega de coparticipación.
Hasta una administración ordenada como tiene San Juan desde hace más de dos décadas, y que mantiene Marcelo Orrego, empieza a crujir cuando se empieza a rascar la olla buscando sacar los últimos restos que quedan.

Orrego, de origen peronista, proviene del universo de Juntos por el Cambio, aunque su estilo de gestión se caracteriza por el pragmatismo y la moderación. Ese perfil le permitió mantener diálogo con el Gobierno nacional sin quedar completamente absorbido por la lógica libertaria.

Las opciones de Marcelo Orrego
El gobernador de San Juan, Marcelo Orrego, ocupa una posición singular en el tablero político.
Su llegada al poder marcó el final de más de dos décadas de hegemonía peronista en la provincia. Pero su identidad política no se encuadra fácilmente en el nuevo mapa nacional.
Orrego, de origen peronista, proviene del universo de Juntos por el Cambio, aunque su estilo de gestión se caracteriza por el pragmatismo y la moderación.
Ese perfil le permitió mantener diálogo con el Gobierno nacional sin quedar completamente absorbido por la lógica libertaria.
Su principal debilidad es que se quedó sin referente nacional. Con la destrucción del armado político de Mauricio Macri, quedaron huérfanos los gobernadores de ese espacio.

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La cuestión es que se empiezan a acortar los tiempos para las definiciones. El calendario electoral obligará, tarde o temprano, a tomar decisiones.
El futuro político de Orrego puede desarrollarse por al menos tres caminos.

1. Convergencia con Milei
Una alianza electoral con el oficialismo podría ofrecer ventajas claras.
El Gobierno nacional busca gobernadores que legitimen su expansión territorial y que aporten estructura política en las provincias.
San Juan podría convertirse en un socio estratégico, especialmente por su potencial económico.
La provincia se perfila como uno de los grandes polos mineros del país, con proyectos vinculados al cobre que interesan al Gobierno por su impacto en exportaciones y divisas.
En ese escenario, la cercanía política con la Casa Rosada podría traducirse en inversiones y apoyo institucional.
Pero el riesgo también existe: quedar demasiado identificado con un gobierno nacional es jugar su futuro a cómo esté Milei a la hora de las elecciones.
Lo más positivo para Orrego es que no dividirá el voto antiperonista.
Si van juntos con los libertarios -por más que no hay buena sintonía entre Marcelo Orrego y José Peluc, habrá dos opciones electorales.

2. Autonomía estratégica
Otra posibilidad es que Orrego mantenga una posición de cooperación institucional con el Gobierno, pero sin sellar una alianza electoral formal hasta poco antes de las elecciones.
Este modelo le permitiría conservar independencia política y adaptarse a los cambios del clima nacional.
Muchos gobernadores han utilizado históricamente esta estrategia: negociar con la Casa Rosada cuando es necesario y preservar identidad propia cuando conviene.
El problema es que el actual gobierno parece menos tolerante con esa ambigüedad.
Y en lo electoral, no jugará a los extremos: pagará el costo político de estar cerca del Gobierno para los enojados con Milei y no será tan antiperonistas para los que nunca votarían al justicialismo.

3. Un armado provincial propio
La tercera opción sería apostar por un esquema político más autónomo, con eje en la identidad sanjuanina.
En este escenario, Orrego podría intentar construir un frente amplio provincial que trascienda las divisiones nacionales.
La ventaja sería consolidar liderazgo local.
La desventaja, quedar aislado en un momento de fuerte centralización política.
Y para eso debería separar las elecciones.
Milei va a poner todo lo necesario para ganar en las provincias que se vote antes por lo que Orrego tendrá un escenario complejo.

El presidente y la secretaria general de la presidencia, Karina Milei, junto a los gobernadores Gustavo Sáenz (Salta), Marcelo Orrego (San Juan), Carlos Sadir (Jujuy), Alfredo Cornejo (Mendoza) y Juan Pablo Valdes (Corrientes) que participaron de la Argentina Week

Su principal debilidad de Orrego es que quedó sin referente nacional. Con la destrucción del armado político de Mauricio Macri, quedaron huérfanos los gobernadores de ese espacio.

El federalismo bajo presión
La relación entre el gobierno nacional y las provincias atraviesa un momento delicado. Las cuentas públicas de muchos distritos están en tensión y varios gobernadores comenzaron a deslizar la posibilidad de discutir un nuevo pacto fiscal.
La respuesta del Gobierno fue la misma desde que asumieron: antes de reclamar más recursos, las provincias deben bajar impuestos.
Ese planteo sintetiza el ADN libertario: menos Estado, menos presión tributaria y más competencia entre jurisdicciones. Pero para los gobernadores el dilema es complejo. Reducir impuestos sin compensaciones implica resignar recursos en economías provinciales que dependen, en buena medida, de la coparticipación y de la actividad local.
La negociación, por lo tanto, no es sólo económica. Es electoral.
El Gobierno quiere gobernadores alineados.
Los gobernadores quieren margen de autonomía.
En ese punto se juega buena parte del equilibrio político del país.

El peso de la economía
El factor económico también influirá en estas decisiones.
San Juan se encuentra en una posición estratégica dentro del nuevo mapa productivo argentino.
El desarrollo minero puede convertir a la provincia en uno de los motores de exportación del país durante la próxima década.
Ese potencial despierta interés tanto del gobierno nacional como de inversores internacionales.
Por eso la relación entre Milei y Orrego no es solamente política. También es económica.
Sólo la decisión del presidente de no aprobar la Ley de Glaciares, obliga a replantear el escenario minero y no habrá inversiones por varios años. Eso sería una pesada roca colgada en el cuello de cualquier gobernador que vea a la minería como el salto económico para despegar su provincia.