- 28 de marzo de 2026
Bobby Fischer: La historia del campeón mundial de ajedrez que terminó declarado persona no grata por su país
La historia de cuando una mente brillante acaba con problemas mentales está magistralmente representada por la vida real de John Forbes Nash Jr., matemático estadounidense galardonado con el Premio Nobel de Economía, cuya lucha contra la esquizofrenia paranoide inspiró la película «Una mente brillante»
Nash fue un prodigio matemático que revolucionó la teoría de juegos con el «equilibrio de Nash», pero su mente brillante se convirtió en su peor enemigo cuando comenzó a sufrir esquizofrenia paranoide en la década de 1950.
La enfermedad le provocó alucinaciones, delirios paranoicos y desconexión con la realidad, lo que le obligó a abandonar su carrera profesional y sufrir internamientos hospitalarios durante años.

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La vida de Robert James Fischer, más conocido como Bobby Fischer guarda similitudes con esa historia. Aunque tuvo un final aun más triste.
Nacido en Chicago el 9 de marzo de 1943, fue un Gran Maestro estadounidense de Ajedrez, uno de los mejores jugadores y el undécimo Campeón Mundial.
Fischer ganó ocho veces el Campeonato de Ajedrez de los Estados Unidos, triunfando por primera vez a los catorce años de edad. En 1964 ganó el campeonato con una puntuación de 11-0, la única puntuación perfecta en la historia de ese torneo.
Para clasificarse para el Campeonato Mundial de Ajedrez 1972, Fischer arrasó en sus encuentros contra Mark Taimanov y Bent Larsen por 6-0. Fischer luego ganó su desafío por el título mundial contra Borís Spaski de la URSS en Reikiavik, Islandia, después de ganar la final del torneo de candidatos contra Tigran Petrosian 6,5-2,5 en Buenos Aires, Argentina.
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El match de Islandia fue anunciado como un verdadero enfrentamiento dentro del contexto de la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, y atrajo más atención mundial que cualquier otro campeonato de Ajedrez en la historia de ese deporte. En 1975, Fischer se negó a defender su título porque no se pudo llegar a un acuerdo sobre las condiciones del encuentro con la FIDE. Como resultado, Anatoly Karpov de la Unión Soviética fue nombrado Campeón Mundial. Fischer dejó de jugar oficialmente desde su victoria del match de 1972.

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Bobby Fischer tuvo un vínculo histórico y profundo con la Argentina, país que visitó en cuatro ocasiones claves para su carrera, desde sus inicios como prodigio hasta sus años de declive personal.
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En1959: Con apenas 15 años, Fischer llegó al país para jugar el Torneo Internacional de Mar del Plata, donde su figura comenzó a hacerse popular entre los aficionados locales.
En 1960: Regresó para una nueva edición del torneo en la ciudad balnearia. En este evento se enfrentó por primera vez a Boris Spassky (quien ganó la partida), marcando el inicio de la rivalidad más famosa de la historia del ajedrez.

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En 1971 fue su visita más recordada. Se disputó la final del Torneo de Candidatos contra el soviético Tigran Petrosian en el Teatro General San Martín de la Ciudad de Buenos Aires. Fischer ganó el match (6.5 a 2.5), lo que le dio el derecho a desafiar a Spassky por el título mundial al año siguiente.
En la Argentina se generó una «Fischermanía» sin precedentes; las salas estaban colmadas y el público lo seguía por la calle como a una estrella de rock. Durante su estancia, Fischer cultivó amistades con figuras como el locutor Antonio Carrizo y el ajedrecista Miguel Quinteros, y se dice que disfrutaba de la música de Sandro y Leonardo Favio. Visitó además varias provincias –entre ellas San Juan- donde disputó partidas simultáneas.
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Muchos años después de retirarse, Fischer regresó a Argentina en julio de 1996. Visitó la ciudad de La Plata para promocionar el Fischer Random (o Ajedrez 960), una variante del juego que él mismo creó para evitar la memorización de aperturas. Esta visita mostró a un Fischer mucho más errático y polémico, recordado por sus discursos antisemitas y paranoicos que empañaron su imagen pública antes de su exilio final.

La visita de Fischer a San Juan convocó multitudes en el estadio
Bobby Fischer no solo se limitó a la Capital Federal. Durante su histórica visita de 1971, tras vencer a Tigran Petrosian, realizó una gira de
exhibiciones simultáneas por diversas provincias del interior del país, contratado por el gobierno nacional. Originalmente estaba planeado para 17 ciudades del interior, consolidando su estatus de ídolo popular en todo el territorio argentino.
Fischer fue contratado por el Ministerio de Bienestar Social de la Nación, conducido por Francisco “Paco” Manrique para que brindar una serie de simultáneas en las ciudades de Rosario, Paraná, Tucumán, Buenos Aires, Resistencia, Corrientes, Salta, Jujuy, Córdoba, San Juan, Mendoza, Neuquén, General Roca, Bahía Blanca, Balcarce, Mar del Plata y La Plata.
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Fischer visitó la provincia el lunes 22 de noviembre de 1971, apenas unas semanas después de haber vencido a Tigran Petrosian en Buenos Aires.
La exhibición de simultáneas se llevó a cabo en el Estadio Aldo Cantoni.
Dice la crónica:
“ Un excepcional espectáculo; una gran fiesta del ajedrez y una excelente exhibición del gran maestro internacional «Bobby» James Fischer. Superó a los 20 jugadores sanjuaninos en una noche inolvidable para el juego ciencia de nuestra provincia. Un numeroso público (más de dos mil personas) pusieron adecuado marco a la sesión de simultáneas, las cuales se realizaron en el estadio cubierto de Parque de Mayo.

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“La ceremonia fue presidida por el primer mandatario, doctor Carlos Enrique Gómez Centurión. El gobernador hizo uso de la palabra, señalando que era una verdadera satisfacción para San Juan, contar con la presencia de Robert Fischer y también de ver este estadio con un público numeroso.
“Tras las breves palabras del mandatario sanjuanino se iniciaron las partidas simultáneas. El ajedrecista americano que vestía traje azul, zapatos negros y corbata verde abrió todos los juegos con peón cuatro rey. El motivo de ensayar esta apertura es que Fischer se prepara con esta línea para su próximo compromiso (en abril del año venidero) con el soviético Boris Spassky por el título mundial. Esta explicación la proporcionó el gran maestro German Pilnik.
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Exactamente a las 21.45 comenzaron los juegos y el primer triunfo de Fischer lo obtuvo frente a O. Chionetti en trece movimientos, Héctor García (24 jugadas), Ángel Lucero (23) J. Herrera (31), E. Primo (33), R. Clavel (35), V. Castro (36), E. Rodrigo (35), Ramírez (37), G. Cara (37), E.Temiño, E. Carlín (42), G. Cano (47), J. Suárez (44), Perona (37), A. Ocampo (50), Podestá (49), J. Ortiz (48), Rodrigo (40) y frente al campeón sanjuanino Norberto Hammar lo superó en el movimiento 63. En esta última partida, el maestro internacional explicó que de haber cambiado de variante Hammar hubiera alcanzado tablas. De todas maneras, la actuación del valor local fue excelente.
El jefe de la expedición que exhibe a Fischer era el maestro alemán German Pilnik, ajedrecista nacionalizado en nuestro país.

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Aparte del brillante ingenio del «monstruo» americano, el espectáculo al margen fue el comienzo de la sesión. Con excepcional rapidez Fischer efectuaba sus movimientos, haciendo «zapatear» sus piezas en la casilla que elegía, produciéndose un auténtico «ballet». Tan veloz era el norteamericano, que durante el recorrido del «circuito», puso su largo pie en la mesa de Jorge Herrera. Como es de imaginar tanto las pizas blancas como las negras se desparramaron. Fischer volvió su cabeza y prolijamente dejó la posición como estaba, mientras que con cierta duda nuestro ajedrecista se fijaba si le faltaba algo.
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La partida de Hammar fue la última que ofreció mayor resistencia a «Bobby» Fischer. Tras haber vencido a los 19 valores se dedicó a efectuar el remate del tablero que conducía el campeón sanjuanino 1971. Con maestría Fischer consiguió triunfar sobre la base de un peón pasado n la columna de la torre. Sin embargo, el americano reconoció que la partida pudo ser tablas. Esto demuestra que nuestros valores deben preocuparse en los finales, pues como en el juego de anoche, existía optimismo en que podría finalizar empatada.
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La organización del espectáculo no fue del todo eficiente. Aunque evidentemente las cosas se complicaron casi al cierre de la jornada. Los representantes del orden fueron demasiado contemplativos y no pudieron evitar que gente que al comienzo se había instalado en las tribunas ingresara a la pista misma. Fischer no hizo problemas, pero German Pilnik, protestaba a cada momento, porque los aficionados se acercaban a las mesas. ¡Al final todo fue normal y la fiesta no se empañó.
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Según las crónicas, aportadas por el licenciado Ricardo Sánchez Alonso, “Al término de la sesión Fischer se instaló rápidamente en el hotel. Cuando nada hacía presumir, el largo esqueleto del norteamericano se apareció en la puerta de su ocasional residencia y salió en búsqueda de vidrieras. El ministro Carlos Yosa y el traductor oficial arquitecto Elio Sánchez y la guardia personal del gran maestro, lo acompañaban en su corta gira céntrica. Las largas zancadas de Fischer obligaron al ministro Yossa a abandonar su custodia se vio necesitado a trotar para mantener el ritmo del ajedrecista. Tras una hora de caminata, mirando calzados y conociendo nuestra ciudad, Robert Fischer se entregó al descanso mientras que los acompañantes todavía deben estar reponiéndose del trajín de sólo 60 minutos”.

La triste vida de un genio que terminó mentalmente devastado
La vida de Bobby Fischer fue una mezcla de genialidad absoluta y un descenso gradual hacia la paranoia y el aislamiento. Pasó de ser un héroe cultural en Occidente a un fugitivo de la justicia estadounidense.
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Fischer no solo jugaba al ajedrez; vivía para él. Aprendió ruso solo para poder leer las revistas especializadas de la Unión Soviética (que tenían el mejor nivel) y descubrir sus secretos.
Antes de cada match, exigía condiciones insólitas: una iluminación específica (medida en lux), sillas ergonómicas traídas de otros países, y silencio absoluto. Odiaba el ruido de las cámaras y de los caramelos al abrirse.
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En plena Guerra Fría, venció al soviético Boris Spassky en Islandia. Fue un evento político: EE. UU. contra la URSS.
Tras ganar, desapareció. Renunció a su título en 1975 porque la FIDE no aceptó todas sus exigencias para el reglamento del match contra Anatoly Karpov.
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Pasó casi 20 años en la sombra, viviendo en comunidades religiosas extremas y gastando su fortuna.
A pesar de tener ascendencia judía por parte de su madre, Fischer desarrolló un antisemitismo virulento.
Creía que el mundo estaba controlado por una conspiración judía que quería destruirlo.
Se volvió paranoico: pensaba que los soviéticos le enviaban rayos a través de la televisión o que le habían implantado un chip en las muelas (por lo que se hizo sacar todos los arreglos dentales de metal).

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En 1992 volvió a jugar un match contra Spassky en Yugoslavia.
Yugoslavia estaba bajo embargo de EE. UU. Fischer escupió públicamente sobre la orden del gobierno estadounidense que le prohibía jugar.
Desde ese momento vivió como un prófugo. Estuvo en Hungría, Japón (donde fue detenido) y finalmente Islandia, que le dio la ciudadanía por «gratitud histórica» para que no fuera extraditado a EE. UU.
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Fischer estaba convencido de que los servicios de inteligencia soviéticos (la KGB) o los estadounidenses (la CIA) podían controlar su mente o rastrearlo a través de frecuencias de radio.
En los años 70, se hizo quitar todas las amalgamas y empastes metálicos de sus muelas. Creía que funcionaban como antenas o receptores de señales enviadas para desconcentrarlo durante las partidas o espiarlo. Esto le causó problemas de salud dental crónicos, pero para él era una cuestión de «seguridad nacional» personal. Siempre llevaba consigo un medidor de radiación para chequear la comida y los hoteles.
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Como si esto fuera poco, llegó el punto de no retorno cuando el mismo día de los atentados a las Torres Gemelas, Fischer dio una entrevista telefónica a una radio en Filipinas (donde vivía refugiado en ese momento). Festejó el ataque diciendo que era «una noticia maravillosa» y que deseaba ver a Estados Unidos «borrado del mapa». Sus declaraciones fueron tan violentas que incluso sus amigos más cercanos, como el propio Boris Spassky, quedaron horrorizados. Esto selló su destino como «persona no grata» definitiva en su país natal.
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Fischer vivió años saltando entre países (Hungría, Filipinas, Japón) para evitar la orden de captura de EE. UU. por haber jugado en Yugoslavia en 1992.
Fue arrestado en el aeropuerto de Narita (Tokio) cuando intentaba viajar con un pasaporte cancelado por el gobierno de Bush. Pasó 9 meses detenido en condiciones precarias. Su aspecto cambió drásticamente: se dejó una barba larga y descuidada, pareciendo un náufrago. Estaba convencido de que lo iban a ejecutar si lo enviaban a Estados Unidos.
Islandia, el país que lo vio coronarse en 1972, fue el único que tuvo el gesto humanitario de darle la ciudadanía para sacarlo de la cárcel japonesa.
En sus últimos años en Reikiavik, era un hombre solitario que frecuentaba librerías de viejo y se peleaba con cualquiera que intentara sacarle una foto.
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De todos modos es oportuno destacar que incluso en su locura, fue un visionario. Él inventó el sistema donde se agregan segundos por cada jugada (el estándar actual).
Además, creó el Fischer Random (Ajedrez 960), una variante donde las piezas de la primera fila se sortean, para que los jugadores tengan que pensar y no solo memorizar aperturas de libros.
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Bobby Fischer murió en 2008, a los 64 años por una insuficiencia renal. Se negó a operarse porque desconfiaba de los médicos (creía que lo iban a envenenar en la mesa de cirugía). Irónicamente, su vida terminó en el mismo número que las casillas de un tablero.

