- 2 de mayo de 2026
Alejandro Schiaparelli. El «soldado estoico» que se convirtió en el salvador del Verdinegro

En una charla íntima con el Nuevo Diario, el DT interino de San Martín repasa su historia: desde sus raíces en Córdoba y su amor por la familia, hasta su amistad con Antuña y la influencia de Gustavo Quinteros en su carrera. «Encontré en San Juan la tranquilidad que buscaba», confiesa el hombre que le devolvió la sonrisa al Pueblo Viejo.
Hay personas que parecen destinadas a estar en el lugar justo en el momento indicado. Alejandro Schiaparelli es, sin dudas, una de ellas. En un momento donde las papas quemaban en Concepción, el «Gringo» dio un paso al frente. No solo consiguió dos victorias consecutivas que acomodaron al equipo en la tabla, sino que trajo consigo una calma que solo alguien con «sentido de pertenencia» puede transmitir.
Nacido en Idiazabal, Córdoba, en mayo de 1980, Schiaparelli lleva el fútbol en el ADN. Criado en una familia de futbolistas, su destino estaba marcado por la pelota. Hoy, afincado en San Juan y sintiéndose un sanjuanino más, charló con nosotros sobre su camino.
⚽ Los inicios y la herencia familiar
«Inicié en un club de mi pueblo, pero mis primeros pasos profesionales fueron en Almirante Brown de Arrecifes, en el Nacional B», recuerda Alejandro. Al preguntarle por los responsables de su pasión, no duda: «Mi papá y mi abuelo fueron futbolistas. Desde chiquito tengo recuerdos de estar dentro de una cancha. Tengo fotos de bebé con mi papá en la cancha; ellos me inculcaron el amor por este deporte».
Su llegada a San Martín como jugador se dio en 2003, proveniente del Deportivo Colonia de Uruguay. «Me llamó el ‘Negro’ Agüero, que me había visto jugar en Arrecifes, y estuve dos años vistiendo esta camiseta», relata sobre su primer vínculo con el club que hoy dirige.
🏡 San Juan: Su lugar en el mundo
Tras una carrera que lo llevó por diversos rumbos, Schiaparelli eligió la provincia para vivir. «Me gustó mucho la ciudad, es muy tranquila. No me gusta el ruido ni el tráfico; viví en Buenos Aires y no me gustó para nada. Aquí coseché muchas amistades».
Pero el vínculo más fuerte fue el corazón: «Conocí a mi señora aquí y tuvimos una hija sanjuanina. La idea de la familia era venirnos a vivir a la provincia cuando me retirara. La familia de mi mujer es mi familia, me sentí cómodo desde el día uno».

📋 El camino al banco de suplentes
Su transición de jugador a DT fue natural. Comenzó el curso en Bolivia y lo terminó en San Juan con el «Flaco» Dillon. Tras dar sus primeros pasos en Del Bono, Alianza y Peñarol, en 2021 llegó el llamado de su gran amigo, Raúl Antuña. «Raúl me llamó para sumarme cuando él agarró la coordinación. Me convenció y desde ese momento estoy en el club».
Sobre su relación con Antuña y el Roly Rodríguez, Schiaparelli se emociona: «Ellos son amigos. Tenemos una amistad muy grande, siempre nos hemos acompañado. Los tres queremos muchísimo al club y queremos verlo lo más arriba posible».
👨👩👧 El pilar fundamental: La familia
A pesar de la vorágine del fútbol, el Gringo sabe dónde están sus pies. «Mis padres y hermanos están en Córdoba, y acá en San Juan están mi esposa Patricia y mi hija Macarena. Esta profesión es difícil, el apoyo y la comprensión de ellas es fundamental. A veces no estamos los fines de semana por los viajes, y ese papel que cumplen es clave».

🧠 Referentes y el presente ideal
Schiaparelli admite su admiración por el Cholo Simeone: «Me gusta mucho su forma de transmitir, es un entrenador que siente el fútbol». Pero su gran mentor es Gustavo Quinteros: «Lo tuve como entrenador tres años cuando era futbolista. Fue un técnico que me marcó y me enseñó mucho. Hasta el día de hoy charlo con él y me aconseja de la mejor manera».
Sobre su actualidad como DT principal, se muestra sereno: «Este momento me llega en un punto muy bueno. Estoy tranquilo en el club y siempre estuve para sumar en lo que se necesite. Comenzar con victorias es muy lindo, ojalá podamos consolidarnos entre los ocho y pelear el campeonato».
💡El Análisis:
Esta nota es una joya porque muestra al Schiaparelli que el hincha no ve: el tipo de pueblo, el que valora la sobremesa y la amistad. Su relación con Quinteros explica esa seriedad táctica que le vimos al equipo en los últimos partidos.
Es un entrenador «esponja» que supo absorber lo mejor de sus mentores pero aplicándolo a la realidad de San Martín. Si el Gringo dice que está para «pelear el campeonato», hay que creerle, porque no es un hombre de vender humo, es un hombre de trabajo. Es el momento de que la dirigencia y la gente lo banquen a muerte.

