- 7 de marzo de 2026

Escribe MARCELO DELGADO
El videojuego más famoso de la historia recorría un laberinto, y en busca de la salida, devoraba todo lo que encontraba a su paso. Furor en los 80, el “comecocos”, era insaciable devorador.
Los argentinos, en los últimos años, sentimos que hay un Pac-man que consume nuestros ingresos. La inflación, durante años en diversas formas, fue erosionando el poder de compra de los salarios y nos hizo más pobres.
El incremento generalizado de precios no es lineal ni homogéneo. Los valores de algunos bienes y servicios, en los últimos años, se han mantenido al ritmo de la inflación, y otros no aumentaron o bajaron, como cubiertas, indumentaria y algunos elementos tecnológicos. Pero otros, crecieron mucho más que el promedio del resto, como los combustibles, que desde diciembre de 2023 aumentaron más del 300%.
Lo curioso es que muchos de los que le ganaron a la inflación son de consumo masivo, o no tienen alternativas. Medicamentos, prepagas, servicios de telefonía celular, internet, crecieron mucho más que los ingresos familiares en estos últimos tres años. Producto de la desregulación, la fijación de las tarifas y precios se focalizó en recuperar lo “perdido” en los años de controles y, en muchos casos, duplicó la tasa de crecimiento del resto de los precios de la economía.
En el mes de enero pasado, el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) comenzaba a medir el crecimiento de los precios con una nueva canasta y modalidad, que refleja mejor el impacto en el bolsillo de los ciudadanos. Recordemos que la canasta básica de INDEC es de 2004. En 20 años, cambiaron significativamente las pautas de consumo y es razonable actualizar los mecanismos estadísticos de medición. Sin embargo, el titular del organismo, Marco Lavagna, salió eyectado después de un impecable trabajo de reestructuración del Instituto, cuando intentó dar un salto de calidad.
Lo cierto es que el ministro de Economía Luis Caputo eligió seguir con la vieja canasta y el indicador de inflación no refleja la realidad de los consumos de la mayoría de la población argentina.
En esta carrera por recuperar terreno, los “servicios públicos” llevan la delantera, creciendo precios y tarifas, más del doble de la tasa media de inflación. Un informe de la UBA – Conicet; asegura que crecieron desde 2023, un 594% en el bolsillo de los trabajadores.
Esto se explica, por una parte, por la liberación de los precios de la luz, gas, agua, transporte, entre otros. Pero también impactó la baja de subsidios, que se redujeron en términos reales un 39%. Una familia en la ciudad de Buenos Aires (que tiene el costo de los servicios más bajos del país) necesitaba en diciembre de 2023, unos $40.000 para los servicios básicos, y la misma canasta, dos años después, alcanzaba más de los $200.000. En San Juan, la realidad es similar. El agua, la energía y el trasporte crecieron
muchos más que la inflación.
El voraz Pac-man de servicios públicos y privados, necesita urgente, un marco regulatorio que cuide a las partes.

